Grecia, a un paso del rescate

Nuevo capítulo de la tragicomedia en que se ha convertido el segundo rescate a Grecia. El Eurogrupo trata hoy de desbloquear el proceso por el cual el país heleno recibirá 130.000 millones de euros que evitarán su quiebra y su inminente salida del euro, tras largos días de negociaciones interminables, fechas límite incumplidas, incertidumbre en los mercados y un sinfín de titulares a sus espaldas. Tras esta larga travesía en el desierto, ahora parece que por fin los estados podrían hallarse muy cerca del acuerdo final, aunque con algún que otro escollo por salvar.

Cosa que no quita que en el Eurogrupo ya la única nota predominante sea la desconfianza, que acabará marcando las condiciones finales del acuerdo. Europa no se fía de Grecia, como a penas se fía de sí misma, y exige mecanismos de control que garanticen que el uso de los fondos de rescate será el que la ‘troika’ ha previsto, es decir, el pago de la deuda exterior griega, en buena parte generada por la banca privada. Así, los 130.000 millones del rescate se ingresaran en una cuenta bloqueada que sólo prevea dichos fines. Además, se exige a Atenas que ponga en marcha las medidas de ajuste antes de que finalice el mes como condición para recibir los fondos.

Un recorte salvaje de 3.000 millones de euros en gasto público más despidos y rebajas salariales que rozan el 20% y que han puesto a la sociedad griega en pie de guerra. Pero el Eurogrupo quiere ir más allá y exigir como condición a todos los partidos griegos que se comprometan por escrito a llevar a cabo dichas medidas. Con esto Bruselas cubrirse las espaldas de cara a posibles sorpresas en las próximas elecciones, previstas para abril, y en las que muy seguramente será revocado el actual gobierno de coalición entre los dos principales partidos; un modelo tecnocrático al que también Italia hubo de recurrir.

Todo estas condiciones se han aceptado, según afirma Atenas, pero aún así parecen haber flecos. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, se refería ayer a un acuerdo pero «sólo si Grecia aplica antes de finales de febrero todas las promesas». En la misma línea se manifestó su homóloga austriaca, Maria Fekter, quien afirmaba que aún hoy «habrá todavía intensas negociaciones sobre los mecanismos de control». Son declaraciones que ponen de manifiesto la corriente de recelo que ha calado en muchos países, principalmente en Alemania, que no cree que Grecia esté realmente dispuesta a fagocitarse a sí misma. Hace bien en creerlo. Sobra con tomar el pulso a la calle en Atenas para darse cuenta.

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