Estados Unidos y Cuba derriban un muro de la Guerra Fría

53 años después del bloqueo lanzado por Kennedy, EEUU y Cuba recuperarán sus relaciones diplomáticas y comenzarán a desmontar el embargo comercial sobre la isla.

cuba

El triunfo revolucionario en Cuba en 1959 supuso el derrocamiento de un gobierno pro occidental con tintes autoritarios y la entronización de una élite socialista no menos dictatorial y claramente alineada con la Unión Soviética. Casi inmediatamente, las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y el nuevo gobierno cubano se fueron tensando hasta el punto de que la Administración Kennedy apoyó un fallido golpe de Estado con un desembarco en Bahía Cochinos. Con las relaciones rotas, Norteamérica decretó un embargo comercial a la isla en 1961. 53 años después, Barack Obama y Raúl Castro están muy cerca de levantarlo.

A través de sendas intervenciones televisivas casi simultáneas, los líderes de ambos países anunciaron que daban por finalizadas las hostilidades diplomáticas y que volverían a establecerse relaciones al máximo nivel. La traducción inmediata de esta decisión es que EEUU y Cuba volverán a contar con embajadas y las relaciones comerciales se reactivarán más de medio siglo después. En cualquier caso, el fin del embargo comercial no será una realidad hasta que el Congreso estadounidense lo apruebe, si bien no se espera que en las votaciones haya grandes sorpresas. Tampoco está claro si se eliminará por completo o si habrán condiciones.

Las implicaciones en la economía mundial que puede tener este acuerdo histórico son notables. De entrada, las potentes compañías norteamericanas pueden desembarcar en la isla, aunque muy probablemente este aterrizaje vaya efectuándose con cuentagotas. A pesar de ello, no debe olvidarse que el nivel adquisitivo de los cubanos es uno de los más bajos del continente, lo cual no augura, al menos en un primer momento, un pingüe negocio para las firmas extranjeras. Por el contrario, la posibilidad de que Cuba pueda colocar sus productos en el gigantesco mercado norteamericano sí que puede suponer un despegue económico inédito.

En estos momentos, los analistas económicos tratan de esclarecer cuáles serán las repercusiones de este inicio de la apertura comercial en una isla en la que el tiempo parece correr mucho más despacio que en el resto del mundo. No obstante, todos ellos se encuentran con la evidente dificultad de no disponer de muchos datos, dado que el Gobierno de La Habana no se ha mostrado precisamente pródigo a la hora de filtrar sus cifras oficiales. Sí que se acepta que la debilidad del consumo interno y la ausencia de materias primas ocasionan una fuerte necesidad de importar.

Tampoco resulta recomendable dejarse llevar por la euforia y pensar que las relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países se equipararán rápidamente con las del resto del mundo. De entrada, la Administración de Obama deberá hacer frente a un rechazo muy importante por parte de los exiliados cubanos en territorio norteamericano. Paralelamente, es presumible que otros colectivos latinos también muestren su desacuerdo con la decisión del presidente, cuya popularidad entre estos grupos parecía haberse recuperado tras aprobar la reforma migratoria.

Focos tan importantes como Miami o el Estado de Florida en su conjunto podrían manifestar su disconformidad a través de las urnas en las próximas elecciones presidenciales de 2016, lo que agravaría los problemas del Partido Demócrata tras el varapalo recibido en las elecciones legislativas de noviembre. Menos oposición se espera en Cuba debido, fundamentalmente, a la fuerte capacidad represora del régimen de los Castro. En cualquier caso, resulta plausible que algunas voces del Partido Comunista Cubano expresen en privado su malestar con la decisión de Raúl Castro. La opinión de Fidel también se espera con expectación.

No menos importante será la reacción del resto del mundo. En términos estrictamente económicos, la dependencia de Cuba respecto a países como Venezuela es evidente. No menos conocido es el hecho de que la actual caída de los precios del petróleo puede llevarse por delante al país presidido por Nicolás Maduro. En este sentido, resulta imposible no plantearse la duda de si, una vez más, La Habana se habrá anticipado con gran clarividencia a los acontecimientos y habrá buscado una válvula de escape antes del colapso venezolano.

Otro de los grandes ‘valedores’ de Cuba, la Rusia de Vladimir Putin, se halla igualmente en una situación límite. La presión de los mercados sobre su divisa, el hundimiento de la bolsa de Moscú y la caída de los precios del crudo han formado un cóctel que nadie se atreve a avanzar cómo terminará. El resto de socios comerciales y políticos de Cuba (como la hermética Corea del Norte) tampoco ofrecían demasiadas garantías de futuro a la isla.

Vía: ABC

Foto: Peter Collins

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