El sector hostelero: la quinta esencia de la economía sumergida

Las mayores cargas impositivas en la carrera del Gobierno por aumentar la recaudación fiscal ha aumentado la economía sumergida española, sobre todo, en pymes y autónomos.

Hosteleria españa

Los datos referidos a la economía sumergida en España son ciertamente preocupantes. Dependiendo de los estudios publicados, entre dos y tres de cada diez euros que circulan en España provienen del trabajo no regularizado. En tiempos de crisis y de regresión de la recaudación fiscal, acabar con estas irregularidades es prioridad absoluta para el Gobierno. Desglosando las cifras del empleo sumergido por sectores, la hostelería lidera con contundencia el tren de los defraudadores con el permiso de la construcción. Y es que, pese a la mínima mejora del paro registrado en los dos últimos meses, los niveles en los que se mueve la economía sumergida aumentan año tras año.

Gran parte de la culpa de este comportamiento debe buscarse en las más altas instancias de la administración pública. Las sistemáticas subidas de impuestos, la fuerte presión fiscal sobre los autónomos o el mantenimiento de gastos públicos absolutamente prescindibles han convertido a España en un auténtico infierno fiscal. Ello provoca colateralmente que numerosas pequeñas y medianas empresas (caso de restaurantes o locales de ocio) no vean rentable contratar trabajadores con sus respectivas cargas en concepto de Seguridad Social más los impuestos propios de su negocio. De este modo, se entra en un círculo vicioso en el que, por un lado, los empresarios no pueden contratar de acuerdo a la ley y, por otro, los trabajadores tampoco desean ver mermada su nómina a causa de los impuestos. Si en la construcción la tasa de empleo sumergido alcanza el 30%, las contrataciones irregulares en restaurantes y bares rondan ya el 20%.

No obstante, Hacienda no puede consentir que tal comportamiento se perpetúe sin más. Por ello, las propias organizaciones de pymes y autónomos exigen más inspecciones, si bien reconocen que no puede esperarse que las empresas con pérdidas agraven su situación con el pago de contribuciones y del IVA. Esta situación, además de poner en riesgo la salud presupuestaria del Gobierno, crea también un peligroso agravio comparativo entre quienes abonan, no sin esfuerzo, todas las cargas fiscales oportunas, y quienes tratan de evitarlo a toda costa.

Fuente: El Economista.

Foto / Gonmi

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