EEUU y China, dos superpotencias económicas obligadas a compartir protagonismo

El crecimiento económico chino ha ido de la mano de una notable política diplomática que ha situado al país como interlocutor imprescindible para los Estados Unidos.

china

El pasado Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico parecía a priori un anodino encuentro de líderes mundiales con escasos aspectos interesantes más allá de fotografiar algún saludo entre Barack Obama, presidente norteamericano, y Vladimir Putin, su homólogo ruso. Tan morboso encuentro quedó inevitablemente relegado a un segundo plano debido a todo lo que sucedió en dicha cumbre, que China aprovechó para presentarse ante el mundo como una gran superpotencia. Aunque no puede decirse que este hecho sorprenda ya a nadie, la confirmación del gigante asiático como alter ego de los Estados Unidos bien merece un análisis en profundidad.

Hace escasas semanas conocíamos que China poseía ya el PIB más alto del mundo, arrebatando el liderato en este ámbito a Norteamérica, que ocupaba este puesto desde finales del s. XIX. Como detallamos en Empresayeconomia.es, este hecho, por trascendente que resulte en términos estadísticos, no oculta sin embargo la oscura realidad china, un país en el que la riqueza media por habitante sigue situándose a años luz de Estados Unidos. Esta es pues la gran ventaja norteamericana sobre su nuevo compañero en la escena política y económica internacional, ya que la calidad de vida de sus ciudadanos sigue siendo altísima.

Con todo, el gran abismo que separaba a ambas economía en este aspecto se ha reducido considerablemente en los últimos veinte años, favoreciendo la creación de una suerte de clase media china cuyos niveles de consumo comienzan a aproximarse (muy lentamente, eso sí) a los de los países desarrollados. Por ello, las importaciones chinas seguirán creciendo en los próximos años y las grandes empresas tendrán en el país asiático un mercado con unas posibilidades difíciles de imaginar. Si el interés empresarial por China sigue creciendo, es mucho más sencillo que el país consolide su expansión económica y complete su viraje de productor a consumidor.

¿Qué repercusiones puede tener esta tendencia? De entrada, China pasaría a ocupar una posición relativamente similar a la que lleva detentando los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Norteamérica exporta principalmente productos tecnológicos innovadores e importa bienes de equipo y de consumo como vehículos y electrodomésticos, constituyendo un círculo sólido y atractivo para las empresas. Actualmente, China es la mayor potencia exportadora del mundo, pero lo hace con productos baratos y de mala calidad. Si logra fortalecer su mercado interno, es solo cuestión de tiempo que mejore la calidad de sus exportaciones.

Hasta aquí, el desarrollo de la economía china puede incluso ser visto como un complemento para los Estados Unidos, esto es, como un nuevo gran mercado para explorar. No obstante, es evidente que el liderazgo económico mundial, que por primera vez desde los años setenta tiene dos protagonistas, suele ir de la mano de una capacidad bélica considerable. A diferencia de lo que ocurrió durante buena parte del s. XX entre Norteamérica y la URSS, no parece que China desafíe abiertamente la existencia del modelo estadounidense.

En consecuencia, los analistas son bastante optimistas respecto a la cohabitación entre ambos gigantes, dando por sentado que los dos tratarán de hacer alguna exhibición de fuerza puntual pero sin alcanzar los niveles de tensión de la Guerra Fría. Ello tranquiliza a los inversores y permite estrechar más las relaciones comerciales entre los dos países. Otra diferencia importante es que China tiene importantes inversiones en Norteamérica, incluyendo una importante cartera de bonos y deuda estadounidenses. A la inversa, Estados Unidos cuenta todavía con una clara superioridad militar.

Este análisis tampoco puede obviar el impacto que las transformaciones económicas chinas han tenido en su sociedad. En este ámbito es donde se da la victoria más clara de los Estados Unidos, ya que su cultura impregna cada vez más aspectos de la vida de los chinos, sobre todo en las grandes ciudades. La NBA, la música rock y pop o la moda causan furor entre jóvenes y no tan jóvenes y provocan una cierta pasión china por todo lo que tenga que ver con Norteamérica.

En definitiva, Estados Unidos va a tener que hacer un esfuerzo político y cultural importante para aceptar que la incontestable hegemonía mundial que ha detentado durante veinticinco años ha tocado a su fin, al menos, en solitario. De manera bien reveladora, cada vez más líderes internacionales buscan fotografiarse con Xi Jinping, presidente chino, casi con la misma profusión con la que se retratan con Obama. China está ganando terreno en los ámbitos diplomático y geoestratégico de manera innegable mientras Norteamericana redefine su postura.

Vía: BBC

Foto: Angela Schmeidel Randall

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