De cómo las compañías telefónicas secuestraron a la ciudadanía

Las compañías telefónicas que se reparten, principalmente, los clientes españoles han secuestrado cualquier poder de decisión de éstos, por mucho que Moviestar quiera desmentirlo en su último anuncio. La relación entre la empresa y el cliente no es trasparente, por lo que el nivel de fraude en cuanto a facturación suele ser elevado. Y como la demanda ha dejado de tener poder sobre la oferta, ésta se ve completamente supeditada a las ansias de los magnates que dirigen dichas empresas.

Bien, si el otro día hablé de cómo los bancos habían secuestrado a la ciudadanía, en esta ocasión trataré con más o menos profundidad, la manera en que lo ha hecho otro de los sectores peor valorados por el conjunto de la sociedad: la telefonía. Recuerdo que hace apenas diez años yo mismo decía que jamás tendría un móvil. Además, no comprendía muy bien para qué servía Internet. Quizá no era del todo consciente de la herramienta que tenía ante mí. Pues bien, ahora esto es imposible de concebir: cada vez más, las relaciones sociales y laborales pasan por tener un teléfono móvil y conexión a la red. En este contexto, en el que una mayoría de la población posee un contrato con una compañía telefónica, surge el problema. El sector es un oligopolio dominado por tres empresas, principalmente: Movistar, Vodafone y Orange, que son las compañías que se reparten casi la totalidad del pastel en España. Esta situación, sin duda, es propicia para que hagan lo que les plazca con sus clientes.

Logo de Vodafone

Estamos en un mundo dominado por el libre mercado, el cual es insostenible sin una demanda. Pues bien, los que demandamos, es decir, los clientes, aún no somos conscientes del poder que tenemos ante las compañías telefónicas. En este sentido, me gustaría destacar el último anuncio de Telefónica-Movistar –lo único que quizás salve a la cúspide de este sector sean sus eficaces campañas publicitarias–. En él se ve una reunión de clientes, en clara alusión a las asambleas derivadas del 15-M, votando lo que quieren que la compañía haga por ellos: mensajes de texto gratis, ampliación de la franja horaria para llamadas a bajo coste, ventajas en la navegación por Internet, etc. Pues bien, esta situación que se retrata es un mero espejismo de lo que nos encontramos en la realidad.

El poder de decisión del cliente en el sector de la telefonía está completamente secuestrado por magnates de los negocios, cuya única preocupación es el dinero que cae en sus bolsillos –véase ese César Alierta en pleno Paseo de la Castellana fumándose un puro y dejando 100 euros de propina poco antes de despedir a miles de trabajadores–. La opacidad en la relación empresa-cliente (oferta-demanda) es de tal grosor que permite a las compañías aumentar descaradamente el gasto que se realiza del servicio, dejando indefenso al cliente ante su laberíntica estructura: servicio técnico, departamento de calidad, atención al cliente, servicio de telefonía móvil, servicio de ADSL y, la que más nos interesa a los ciudadanos, servicio de reclamaciones.

Foto: Dixel

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