De cómo la banca secuestró a la ciudadanía

En medio de una crisis global irreparable surge la pregunta de por qué estamos tan apegados a las compañías que causaron tal desastre. En la actualidad, cualquier actividad económica tiene que pasar por las manos de un banco: la nómina, las facturas, etc. Mientras que la ciudadanía vive completamente dependiente de lo que pase en las entidades bancarias, el Estado no ha creado ningún reglamente que ampare a los que quieren actuar de manera alternativa.

Aviso para navegantes. Los post que escribiré entre hoy y el próximo día están más encaminados a la crítica que a la mera exposición de datos. Éste que está escribiendo, en lugar de ejercer de periodista, como normalmente, lo hará en calidad de ciudadano indignado y cliente cabreado. Empezaré por uno de los sectores que más descontentos está causando entre la población: la banca. El próximo post estará dedicado a otro de los negocios que más quebraderos de cabeza da al ciudadano de a pie: la telefonía.

Cada vez dependemos más de los bancos

Bien, empecemos por el sector bancario. Desde la crisis generada con la quiebra de Lehman Brothers las finanzas han estado en boca de todos: periodistas, políticos e, incluso, simples trabajadores, que hasta el momento poca idea o ninguna tenían de cómo funcionaban los bancos. El sector bancario ha secuestrado a la ciudadanía. Las personas que forman la sociedad se encuentran en ésta en tanto que poseen una cuenta bancaria y su estatus está acorde a la relación que tienen con una determinada entidad. Al menos, esto es lo que nos han hecho creer. ¿Por qué todo tiene que pasar por el banco? Las nóminas, las facturas… Todo. Si una persona desea pertenecer a la sociedad, lo primero que ha de hacer es firmar un contrato con un banco, si no, está perdida.

Gran parte de culpa de lo que pasa en la actualidad la tienen las administraciones públicas, que se vendieron rápido y barato a las compañías financieras con tal de agilizar el tedioso trabajo que les compete. ¿Por qué el Estado no protege a las personas que no quieren pasar por el aro, esto es, por el banco? ¿Por qué no se da la opción a los clientes de pagar sus facturas mediante otro mecanismo que no esté en relación con un banco? Los ciudadanos, para cuya protección se creó el Estado, se encuentran indefensos. Mientras que a los clientes (que son estos mismos ciudadanos), los cuales deberían llevar siempre la razón, se les arrebata de un plumazo dicha consideración con peligrosa asiduidad.

¿Acaso no podemos rebelarnos? Es posible que en el mundo en que vivimos esto no tenga vuelta atrás. Lo que sí se puede arreglar es la relación que tienen las compañías financieras con los clientes/ ciudadanos. Y es aquí donde ha de actuar el Estado: regulando la actividad bancaria. Mientras la crisis la pagan los trabajadores, en los medios de comunicación aparecen demasiado las subidas y bajadas de las empresas que cotizan en Bolsa. Se habla poco de las consecuencias que todo esto tiene para la ciudadanía y, menos aún, de las soluciones de las que ésta puede echar mano.

Foto: Raúl A.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...