8º aniversario de la caída de Lehman Brothers: así ha cambiado el sector financiero global

La quiebra del que fuera uno de los mayores bancos de inversión del mundo provocó un tsunami que ha obligado a dar la vuelta al funcionamiento del sector.

lehman

El 15 de septiembre de 2008, el gigante de la banca de inversión Lehman Brothers se declaraba formalmente en quiebra. Con su caída, se abría la caja de Pandora de lo que acabaría convirtiéndose en la Gran Recesión, la mayor crisis que ha sufrido el mundo desarrollado desde la Gran Depresión. Los hechos que condujeron al hundimiento de este banco fundado en 1850 han sido estudiados en detalle y por ello existe una gran preocupación por evitar un nuevo caso ‘Lehman’. Ocho años después de esta histórica bancarrota, ¿cómo se encuentra el sector financiero global?

La doble vara de medir estadounidense

Cuando los problemas de Lehman Brothers se hicieron dramáticamente patentes, sus gestores trataron de conseguir que el Gobierno estadounidense acudiera en su auxilio como había hecho recientemente con otros bancos. Ocurría, sin embargo, que la Administración Bush no quería que se extrajera la lectura de que, ante cualquier problema en un banco, este podría hacer uso del dinero de los contribuyentes. Así, el Secretario del Tesoro, Henry Paulson, fue el encargado de dejar claro a la cúpula de Lehman que no habría rescate público. La valiente decisión no evitó que se hablara de una doble vara de medir.

Diez días después de la caída de este banco, el Congreso autoriza al Gobierno a acudir en auxilia del sector financiero (en segunda votación, tras una primera negativa). La llamada Ley de Estabilización Económica de Urgencia puso a disposición del Tesoro estadounidense la friolera de 700.000 millones de dólares, cantidad con la que se adquirirán activos financieros de los bancos. De este modo, la Administración Bush acudía en auxilio de los numerosos bancos que amenazaban por quebrar en el contexto del estallido de la burbuja ‘subprime’. Conviene señalar que el rescate surtió efecto y que contribuyó a estabilizar la crisis en dos años.

La tardía y errática respuesta europea

Si el Gobierno norteamericano tomó conciencia de la gravedad de la situación en las semanas siguientes a la caída de Lehman, sus homólogos europeos no lo tuvieron tan claro. En un primer momento, la reacción generalizada fue ver la crisis como un problema de los Estados Unidos, que podría afectar a Europa pero que no iba a tener una gran incidencia en su economía. Esta visión saltaría por los aires en los meses siguientes, cuando los bancos europeos exhibieron sus propias vergüenzas.

En la cumbre del G-20 de aquel año se habló de ‘refundar el capitalismo’ pero lo cierto es que las instituciones europeas no articularon mecanismos análogos a los norteamericanos. El Banco Central Europeo (BCE) se centró en evitar que una inexistente inflación atenazara el crecimiento europeo, hasta el punto de llegar a subir los tipos de interés en 2011. En marzo de 2009, el Banco de España procedía a la intervención de Caja Castilla-La Mancha, la primera de las numerosas acciones similares que se sucederían hasta 2012.

España, un campo minado

Efectivamente, nuestro país fue uno de los más afectados por la crisis financiera. Se trató de ocultar los problemas del sector bancario alentando las fusiones entre las antiguas cajas de ahorros, proceso que se saldó con la caída de Bankia, CAM, Banco de Valencia, CatalunyaCaixa o NovaGalicia Banco entre otras entidades. El Estado tuvo que acudir al rescate, para el cual vertió algo más de 50.000 millones de euros (sin contar otros estímulos). Por ahora, parece que el saneamiento fue duro pero efectivo.

Alemania e Italia, incertidumbre latente

A comienzos de 2016, Deutsche Bank dio uno de los mayores sustos que han vivido los mercados financieros en los últimos tiempos. Las pérdidas de casi 6.800 millones de euros en el ejercicio 2015 fueron el detonante de una amarga espiral bajista bursátil que disparó todas las alarmas sobre un nuevo caso ‘Lehman’. Finalmente, la sangre no llegó al río. En cuanto a la banca italiana, sus resultados en las últimas pruebas confirmaron que necesitan ganar liquidez y deshacerse de muchos activos tóxicos.

Un sector que busca reinventarse

En conclusión, el sistema financiero internacional no volverá a ser el mismo a raíz de la quiebra de Lehman Brothers y, para qué negarlo, es muy positivo que así sea. La búsqueda de formas alternativas de obtener financiación y de gestionar las finanzas personales afectan incluso al negocio tradicional de la banca, que debe reinventarse a marchas forzadas. Al menos, ello permitirá reducir paulatinamente su peso real en la economía mundial.

Foto: Lord Mauleverer en Wikimedia Commons

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