7 curiosidades económicas del cambio climático que quizá desconocías

La Cumbre de París ha devuelto al primer plano de la actualidad la urgencia de consensuar una estrategia global contra el calentamiento global.

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La semana pasada se cerraba la Cumbre del Clima de París con un acuerdo de mínimos pero con la sensación generalizada de que el cambio climático no puede seguir relativizándose. Los gobiernos de los países desarrollados parecen más concienciados pero también los ejecutivos de los Estados emergentes son más o menos conscientes de lo que está en juego. Para tratar de arrojar un poco de luz sobre las implicaciones económicas del calentamiento global, hemos reunido una serie de tópicos verdaderos y falsos.

1. Cambio de roles

Las proyecciones de cara a los próximos veinticinco años consolidan el cambio en la cima de los países más contaminantes. China será claramente el principal foco de emisión de gases de efecto invernadero, superado a Estados Unidos y la Unión Europea. No obstante, el país que donde más aumentarán las emisiones en términos relativos será India, que podría convertirse en el segundo emisor global. El resto de grandes actores globales (incluyendo a Rusia y Japón) reducirán sustancialmente sus emisiones. África seguirá siendo claramente el continente menos contaminante debido a su escaso desarrollo industrial.

2. Obligaciones dispares

Los objetivos de cada país para reducir sus niveles de contaminación y emisión de gases son muy distintos. La UE es una de las regiones más comprometidas sobre el papel y mantiene su intención de reducir las emisiones en un 40% respecto a 1990 en 2030. EEUU se adhirió más tarde a los acuerdos internacionales y su intención es recortar un 28% su emisión de gases en 2025 en comparación con 2005. China se fija un horizonte más lejano y seguirá aumentando las emisiones hasta 2030. A cambio, el gigante asiático irá aumentando el peso de las energías renovables en su economía y estabilizando el de los combustibles fósiles.

3. La relación PIB-CO2, en mínimos

Una nota para la esperanza es que cada vez la diferencia entre el crecimiento de las emisiones y el de la riqueza global es menor. Esto implica que los países están aprendiendo a mejorar su calidad de vida empleando menos recursos contaminantes. El mayor desajuste se vivió en 1950, cuando el aumento de las emisiones duplicaba al del crecimiento económico. Esta brecha no ha dejado de reducirse desde entonces y actualmente parece muy viable que la riqueza comience a crecer en mayor proporción que las emisiones. Desde el año 2000, ambas variables crecen al unísono.

4. ¿De dónde salen las emisiones?

No es difícil medir qué países son más contaminantes pero siempre es más complejo comprobar de dónde salen las emisiones. Los datos de 2010 mostraban que la generación de electricidad suponía el 25% de las emisiones, seguida de cerca por la actividad agrícola (24%). Sorprendentemente, la industria se situaba por debajo de estas actividades al generar el 21% de los gases de efecto invernadero. Los medios de transporte (14%) y el consumo doméstico (6,4%) son los siguientes emisores.

5. El ahorro estimado

Si atendemos a las recomendaciones de la propia Cumbre de París, parece muy claro dónde están los principales ámbitos en los que pueden recortarse las emisiones. Ganar en eficiencia energética, esto es, no desperdiciar energía, puede suponer hasta el 49% de la reducción de las emisiones de aquí a 2030. Invertir en energías limpias o renovables podría aportar un ahorro del 17%, mientras que la disminución del uso del gas metano (15%) y de los combustibles fósiles (10%) también tendrían una incidencia muy grande.

6. El dinero disponible

En aras de financiar iniciativas de calado para reducir las emisiones alrededor del mundo, los países que han suscrito los últimos acuerdos relevantes han formado el llamado Fondo Verde. Este fondo contaría con cerca de 10.000 millones de dólares y no sería la única vía de financiación. Sumando lo destinado por todos los países a financiar energías limpias y a combatir el cambio climático, en 2014 se movieron unos 60.000 millones de dólares. El objetivo último es configurar un fondo único con 100.000 millones de dólares.

7. Actuar después, más caro

Prácticamente nadie discute que por mucho dinero que haya que poner sobre la mesa, siempre será una cantidad menor de la que se requeriría si ahora no se hiciera nada. En 2006, el llamado Informe Stern cuantificó en el 1% del PIB mundial la inversión necesaria para frenar o mitigar el cambio climático. Por el contrario, actuar cuando los efectos del calentamiento global sean más evidentes se llevaría entre el 5% y el 20% del PIB.

Foto: Grasko

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