¿Qué es… el euro?

La moneda única europea es uno de los proyectos más ambiciosos dentro del proceso de integración en el viejo continente pero se enfrenta a numerosas tensiones.

el euro

La moneda es, sin duda, uno de los elementos más sensibles en el funcionamiento de cualquier sistema económico. El euro es la divisa internacional más grande en lo que al número de países vinculados a la misma se refiere y una de las más influyentes en el contexto global. No obstante, la llamada moneda comunitaria se ha visto envuelta por la polémica desde su creación y, más concretamente, a raíz de la Gran Recesión y los mecanismos articulados para superarla. Hoy nos acercamos al funcionamiento del euro para tratar de esclarecer sus fortalezas y debilidades sin prejuicios.

El origen del euro

Con la aprobación del Tratado de la Unión Europea o Tratado de Maastricht en 1993, la todavía Comunidad Económica Europea (CEE) dio uno de los pasos más importantes para avanzar hacia la integración económica del viejo continente. Dos años más tarde, se puso el nombre de ‘euro’ sobre la mesa para denominar a la futura moneda común. En 1999, los sistemas monetarios de los países que habían ratificado el acuerdo se unificaron, si bien no se detuvo la circulación de las monedas nacionales. Finalmente, en 2002 el euro inició su andadura a todos los efectos posibles.

La configuración del euro

Los primeros países en suscribir el Tratado de Maastricht fueron Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal, a los que se sumó Grecia poco después. De este modo, Reino Unido quedaba como la única gran economía europea que se desmarcaba del proyecto pese a los intentos de última hora de Tony Blair por reengancharse al tren del euro. En los años siguientes, Eslovenia (2007), Chipre, Malta (ambos en 2008), Eslovaquia (2009), Estonia (2011), Letonia (2014) y Lituania (2015) engrosaron las filas del club del euro.

La labor de supervisión y regulación de la moneda única recae exclusivamente en el Banco Central Europeo (BCE), institución creada en 1998 precisamente con el propósito de cumplir dicha tarea entre otras obligaciones (como velar por la estabilidad de los precios). El Consejo de Gobierno del BCE es quien marca la política monetaria y está compuesto por los gobernadores de los diecinueve bancos nacionales de los países de la zona euro más el Comité Ejecutivo (que cuenta con seis miembros permanentes). La acción del presidente está, por tanto, teóricamente muy limitada.

De los criterios de convergencia a la crisis de deuda soberana

Cuando se dibuja el calendario para la puesta en circulación del euro, los países interesados debían cumplir una serie de requisitos, los llamados criterios de convergencia. Estos criterios suponían no superar ciertos niveles de deuda y déficit públicos, estabilidad en el tipo de cambio y tasas de inflación e intereses a largo plazo relativamente cercanos entre todos los países. Nuestro país no cumplía ninguno de los cuatro requisitos en 1996 y la política económica del primer mandato de José María Aznar se encaminó a alcanzarlos.

Aquellas estrictas normas de acceso fueron relajándose en consonancia con la entrada de nuevos miembros y la consecución de mayores niveles de bienestar social. Por ello, cuando estalló la deuda de crisis soberana entre 2011 y 2012, se puso de manifiesto la ausencia de un objetivo común entre los gobiernos y las instituciones comunitarias. El BCE acabó abriendo la mano por la presión de su presidente y ante la plausible posibilidad de que el euro saltara por los aires si caían economías tan potentes como Italia o España.

Las críticas al euro

Si bien se agudizaron durante la crisis de deuda anteriormente comentada, el proyecto del euro contó siempre con importantes detractores. De entrada, los economistas y políticos más proteccionistas entendieron que los países cedían una de sus principales armas para controlar las economías nacionales, la moneda. Ya no habría posibilidad alguna de devaluar una divisa, algo que, sin embargo, fue celebrado por otros analistas que lo vieron como una forma de evitar que los gobiernos incumplieran sus compromisos presupuestarios.

También sigue planeando en la actualidad la duda de si es posible que economías tan dispares como la alemana y la griega puedan estar sujetas a una misma moneda. Los tipos de interés los marca el BCE y son los mismos para diecinueve países, lo que implica que eventualmente haya Estados que se consideren perjudicados por sus decisiones. Los partidarios del euro replican que estos problemas se evitarán con la integración bancaria y fiscal.

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