Una barrera en el Ebro que limite la entrada del mar

No es la primera vez que sale a colación la palabra “barrera” o “dique” cuando hablamos del río más caudaloso de España, y el segundo de la Península Ibérica tras el Duero. Su recorrido pasa por el extremo nororiental de la Península, a través del Valle o Depresión del Ebro.

rio ebro

Nacido en la Cordillera Cantábrica, desemboca en el Mar Mediterráneo, convirtiéndose en el segundo río más largo después del Tajo. Su caudal ha sido en numerosas ocasiones un aspecto asociado a problemas. Esta vez, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) propone como solución a la subida del nivel del mar prevista, consecuencia del cambio climático, la construcción de una barrera a lo ancho del Ebro.

Quedaría levantada a cinco kilómetros de la desembocadura, con el fin de impedir la escalada de la cuña salina, la lengua de agua marina que penetra Ebro arriba reptando por el cauce. El río en cuestión siempre pierde en el balance contra el mar cuando su caudal no alcanza los 400 metros cúbicos por segundo, algo que sucede durante muchos meses del año. Una solución respaldada por el Ministerio de Medio Ambiente y por los regantes del delta, donde la compuerta móvil creada reduciría la salinidad del suelo deltaico.

Frente a los partidarios del proyecto, se ha levantado un sector reacio al mismo. Entidades ecologistas y técnicos advierten por su parte que la solución es ineficiente, dado que poco puede hacer una barrera física contra la salinidad de los arrozales. A pesar de las voces de protesta o rechazo, esta medida ya ha sido incluida en el plan de Cuenca, pendiente de la aprobación del Consejo de Ministros como trámite final para su puesta en marcha.

Manolo Masià, presidente de los regantes de la derecha del Ebro, señalaba lo siguiente: “Hay que actuar porque la salinidad afecta a la producción de arroz”. Si en 2010 escuchábamos hablar de la construcción de diques subacuáticos para frenar la entrada de agua salada, ahora se propone una gran barrera física que solvente un problema que amenaza el ecosistema avanzando lentamente. En esta línea, Xavier de Pedro, presidente de la CHE, explicaba que el plan de Cuenca contempla esta obra reclamada por los regantes: “Hay que avanzar y por parte nuestra y del Ministerio, vamos a contribuir”.

Tomando como referencia el proyecto de la desembocadura del Po (Italia), con cuyos ingenieros se han reunido las autoridades de la CHE, se pretende instalar una barrera, con compuestas móviles o abatibles, que permita la navegación en su parte central al tiempo que se modula el paso de agua dulce y salada. La inversión estimada para la iniciativa desarrollada en el Po se cifra en torno a 15 millones de euros, un río cuya anchura (120 metros) es bastante inferior a lo que requeriría el Ebro.

Sin embargo, la Plataforma en Defensa del Ebro subraya que la disminución de los caudales por el incremento del uso del agua ha favorecido la salinización desde mucho antes de la desembocadura, por lo que la solución no es la correcta. Susanna Abella, portavoz de la plataforma, propone que lo más adecuado sería “dotar al río de un caudal suficiente”, de tal forma que se detenga la entrada de sal desde el mar.

Otras de las posturas que podemos destacar han sido las de Ignasi Ripoll, delegado de Seo-Birdlife en el delta, que destacaba que “esa barrera es solo una operación de maquillaje, una solución vistosa dotada de presupuesto para llevarse los caudales del río a otro lugar” o Enric Llebot, secretario de Medio Ambiente de la Generalitat: “Técnicamente es posible, pero hay que analizarlos. Soy partidario de un enfoque global, a partir de un plan estratégico, que contemple los diferentes problemas que afecten al delta”.

A pesar de la diversidad de opiniones, la propuesta está en su recta final, necesitando únicamente de la aprobación del Consejo de Ministros.

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