Un Nobel contra el desarme

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas ha ganado el Premio Nobel de la Paz 2013 por su lucha contra el uso de armas químicas en el mundo.

Como todos los años, el mes de octubre nos ha dejado a los ganadores de los Permios Nobel. Rothman, Schejman y Südhof en Medicina, Higgs y Englert el de Física, Karplus, Levitt y Warshel en Química, Alice Munro en Literatura, Fama, Hansen y Schiller en Economía… y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas el de la Paz. La OPAQ, una organización prácticamente desconocida hasta hace unas semanas, ha dado la sorpresa y se lleva un galardón que según todas las quinielas se iba a llevar la joven activista pakistaní Malala.

Hace 16 que se creó, pero no ha sido hasta ahora cuando la OPAQ se ha convertido en el epicentro del foco mediático. Desde su nacimiento, su medio millar de trabajadores han colaborado mano a mano con la ONU para acabar con el armamento químico en el mundo. Es la responsable de gestionar la Convención contra las Armas Químicas, un tratado que entró en vigor en 1997 -pese a aprobarse hace 20 años- y al que se han sumado 188 países.

El 14 de octubre, Siria fue el último en hacerlo, y a nadie se le escapa que el papel jugado por la OPAQ para evitar el bombardeo que varios países preparaban contra Siria ha decantado la balanza a su favor. Un bombardeo que la comunidad internacional, con los Estados Unidos a la cabeza, preparaba como respuesta a los ataques con armas químicas que acabaron conocimientos unas 1.000 personas y que todo apunta a que fueron ordenados por el régimen de El Asad.

Las armas químicas tienen efectos terribles sobre el medio ambiente y las personas. Las que mueren lo hacen tras pasar por situaciones agónicas, y los supervivientes arrastran secuelas que se transmiten de generación en generación por culpa de las mutaciones genéticas. Un buen ejemplo de ello son las malformaciones que continúan sufriendo muchos nichos vietnamitas como consecuencia de los ataques estadounidenses con agente naranja en la Guerra de Vietnam, hace más de 40 años.

Tras varios ganadores polémicos como la Unión Europea el año pasado, la concesión del Nobel de la Paz a la OPAQ representa el retorno al reconocimiento a entidades que luchan por el desarme y la contribución a la convivencia mundial. A la OPAQ todavía le queda trabajo por hacer en Siria, donde la Guerra Civil no facilita su labor. Tampoco parece fácil que sea capaz de atraer a Angola, Egipto, Sudán del Sur, Corea del Norte, Myanmar e Israel, los únicos países que no han firmado la Convención contra las Armas Químicas.

Fuente: El País

Foto: jenspie3

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