¿Qué hacer ante el efecto invernadero?

El efecto invernadero es un fenómeno atmosférico natural, que le permite a nuestro planeta retener parte de la energía proveniente del sol, para así mantener una temperatura que permita el desarrollo de la vida tal como la conocemos. Durante muchos años, el equilibrio existente entre los gases de la atmósfera terrestre, permitió que la temperatura del planeta se conserve en un punto ideal, sin embargo, debido al incremento de las emisiones de gases contaminantes, este equilibro ha comenzado a resquebrajarse, produciendo lo que hoy en día se conoce como el calentamiento global.

El efecto invernadero es un fenómeno atmosférico natural, que le permite a nuestro planeta retener parte de la energía proveniente del sol, para así mantener una temperatura que permita el desarrollo de la vida tal como la conocemos. Durante muchos años, el equilibrio existente entre los gases de la atmósfera terrestre, permitió que la temperatura del planeta se conserve en un punto ideal, sin embargo, debido al incremento de las emisiones de gases contaminantes, este equilibro ha comenzado a resquebrajarse, produciendo lo que hoy en día se conoce como el calentamiento global.

Esquema de los flujos de energía espacio-atmosfera-tierra – imagen obtenida de Wikipedia, creada por Global Warming Art.

Lo que en un primer momento puede ser visto como un simple incremento de la temperatura, ya comienza a mostrarse como un verdadero problema para la vida, pues el aumento de la concentración de dióxido de carbono proveniente del uso de combustibles fósiles, provoca la intensificación de este fenómeno, la cual ya es vista en el derretimiento de los hielos polares y en el aumento del nivel de los océanos. Esto podría significar, en los próximos años, no sólo la desaparición de ecosistemas muy valiosos para la humanidad, si no la pérdida irremediable de  las reservas de agua que serán cruciales en el futuro.

De la misma manera, el hielo que ya comienza a derretirse se extiende sobre todos los océanos y mares del planeta, variando la temperatura del mar y provocando que crezca en volumen. Si tenemos en cuenta que gran cantidad de ciudades se encuentran sobre las costas de los continentes, es fácil concluir que muchas de ellas se inundarán y sus habitantes deberán encontrar nuevos lugares para vivir.

El efecto de las inundaciones no sólo se limitará a las costas, pues los científicos advierten que en ciertas zonas del planeta el cambio climático ya comienza a manifestarse en el incremento de las lluvias, mientras que otras regiones, llueve cada vez menos, produciendo sequías cada vez más frecuentes.

Dado que la vida del planeta requiere de un equilibro perfecto, las variaciones en el clima generarán la extinción de muchas especies y ecosistemas. Debido a que las especies animales se encuentran relacionadas a su entorno, el cambio climático hará que muchos animales se trasladen a nuevos ecosistemas para intentar sobrevivir, pero el tiempo que tardarán en adaptarse significará que muchos mueran o simplemente no lo logren y se extingan. Eso sin contar a las especies vegetales que son más sensibles a este tipo de variaciones.

Factores que influyen en el cambio climático – imagen obtenida de Wikipedia, autor: Wricardoh.

Más allá de los desastres naturales que se producirán por la variación climática, muchos países ya han lanzado alertas por el desarrollo de enfermedades y plagas que contribuirán a acrecentar la crisis de alimentos que se vive en la actualidad, pues tanto inundaciones, como lluvias y temperaturas elevadas, mermarán la producción agrícola y ganadera, lo que se traducirá en un incremento de las hambrunas que ya diezman la población de muchas regiones.

No sólo el dióxido de carbono

Un estudio reciente del “Proyecto Europeo de Núcleos Helados en la Antártica” (EPICA), ha permitido contrastar información valiosa sobre los niveles de metano, durante la transición desde la última época glacial al período actual. Debido a que el metano es un gas de efecto invernadero, los estudios demostraron que las alteraciones en el ciclo del metano y su concentración atmosférica influyeron en la época glacial.

Las concentraciones antes de la época glacial tenían 350 partes por mil millones por volumen (ppbv) y aumentaron hasta unas 700 partes durante la transición glacial / interglacial. Sin embargo, las emisiones de metano humanas han incrementado de forma artificial las concentraciones de metano hasta aproximadamente 1.750 ppbv durante los últimos siglos, lo que nos da una idea de o que puede ocurrir si este fenómeno continúa.

Vivir y dejar vivir

Nuevas investigaciones en esta materia señalan que es posible alcanzar un nivel seguro de dióxido de carbono en los próximos 40 años, pero para lograrlo es necesario dar impulso al uso de todo tipo de energías renovables como la energía solar o eólica. Sin embargo, la única defensa razonable ante el cambio climático es la reducción drástica de las emisiones de dióxido de carbono, cambiando tanto el sistema energético como el sistema económico, renunciando a la nociva filosofía de desarrollo sin límites.

Se ha calculado que la estabilización de la concentración efectiva de dióxido de carbono en la atmósfera, requiere la reducción de emisiones de origen energético al 70% del nivel de 1990 para el año 2020, y aún así dicha estabilización sólo tendría lugar una década después con una cantidad de dióxido de carbono un 8% mayor que en 1990.

Esquema del Proyecto Europeo de Núcleos Helados en la Antártica – imagen obtenida de la Web oficial del proyecto EPICA.

De la misma manera, la demanda energética de los países en vías de desarrollo debe satisfacerse optimizando el propio consumo de energía a través de las redes de transporte, maximizando la eficiencia de los vehículos con normas para fabricantes y usuarios, y reducir su uso, fomentando una nueva red de transporte público, de modo que se favorezca el uso de la bicicleta y se planifique el territorio para disminuir las necesidades del transporte privado.

Igualmente, es necesario impulsar la educación y divulgación ecológica, de modo que se logre establecer una cultura de ahorro en electricidad, agua y gas; y en todos los recursos naturales y no renovables.

Por su parte, investigadores de una organización financiada por el gobierno australiano han revelado que se estudia la posibilidad de enterrar un millón de toneladas métricas de dióxido de carbono para solucionar el problema del efecto invernadero. Según sus primeras cifras, Australia tiene capacidad subterránea suficiente para almacenar potencialmente la totalidad de sus emisiones en los próximos dos mil años, pero primero deben efectuar las pruebas para asegurarse que se trata de un procedimiento seguro, práctico y económico.

En el proyecto estudia las posibilidades de extracción del dióxido de carbono de las empresas generadoras de energía eléctrica y emisiones de fábricas, de modo que se pueda separar el dióxido de carbono e inyectarlo a un kilómetro de la superficie terrestre. Inicialmente, se ha pensado que el gas podría ser almacenado en minas de sal, de carbón y yacimientos agotados de gas y crudo.

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