Mackinac Island, ciudad sin coches

Mackinac Island es la única ciudad estadounidense que no ha derogado la ley que prohibe circular a coches, vigente desde 1898. Su aire apenas está contaminado.

Uno de los grandes protagonistas de todas las ciudades, ya sean grandes urbes con millones de habitantes o pequeñas localidades que a duras penas llegan a los 1.000 ciudadanos, son los coches. Cuando a finales del siglo XIX empezaron a colonizar las ciudades, muchas de ellas los prohibieron debido a los gases que emitían y al ruido que provocaban, aunque poco a poco se fueron levantando las prohibiciones en todas las ciudades salvo en una, Mackinac Island, donde el veto a los coches está vigente desde hace 115 años. Aunque quizá sus términos hayan quedado un poco anticuados, la ley no puede ser más específica:

El funcionamiento de carruajes sin caballos queda prohibido dentro de los límites de la ciudad de Mackinac.

Consejo de la Ciudad de Mackinac Island, 6 de julio de 1898.

Mackinac Island es una ciudad con algo más de 500 habitantes y una superficie de apenas 9’9 kilómetros cuadrados situada en el Lago Hurón, en el estado de Michigan. Eso si, en verano la llegada masiva de turistas hace que convivan unas 15.000 personas en la isla, que como medios de transporte utilizan la bicicleta, los caballos y carruajes que ya se utilizaban en el siglo XIX o se desplazan a pie. La fuerte presencia de turistas invita a pensar que la vieja prohibición de coches no fue tan mala idea.

Las dos únicas excepciones a la prohibición son los dos vehículos de emergencia con que cuenta la isla. Una de las principales consecuencias de la vigencia de la ley es que en Mackinac Island prácticamente no hay accidentes de tráfico, tan solo alguna caída de la bici o de carruaje. Los habitantes de la ciudad hacen ejercicio, y respiran un aire mucho más puro que el del resto de ciudades. El bolsillo también nota la ausencia de coches, ya que no hay que pagar por la gasolina ni los impuestos de circulación, y el precio del transporte es más justo.

Paradójicamente, esta ciudad tiene una carretera que, evidentemente, es la única en el mundo por la que no circulan coches ni ningún vehículo a motor. Tan solo tiene 13 kilómetros, bordeando la costa y sin tener que soportar el ruido del tráfico. Además, las gasolineras o los aparcamientos no rompen el encanto del paisaje. Para muchos de los turistas que la visitan, se trata de un viaje al pasado, a otra época; o a un mundo paralelo sin coches ni petróleo. Después de conocer este ejemplo, solo nos queda preguntarnos qué sería de nuestras ciudades si existiese una prohibición similar.

Fuente: Treehugger

Foto: marada

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