Los efectos de los cruceros en el aire de Barcelona

Una investigación de ecologistas y vecinos revela que la contaminación de los cruceros del puerto de Barcelona se siente en un radio de hasta 400 kilómetros de distancia.

Muchas ciudades costeras han visto en los últimos años en los cruceros la nueva fórmula mágica para atraer turistas. Más allá del debate sobre el impacto económico que tienen, nosotros vamos a analizar las consecuencias de los cruceros sobre el medio ambiente, ya que en ciudades como Barcelona los cruceros afectan la calidad del aire en un radio de 400 kilómetros. Así lo aseguran ecologistas y organizaciones vecinales, que indican que la contaminación puede llegar a Valencia, Aragón o los Pirineos.

Hace unos días, varias organizaciones ecologistas midieron la concentración de partículas ultrafinas por centímetro cúbico en las terminales de cruceros del puerto (ese día había cinco cruceros atracados y se esperaba la llegada de otro más tarde) y los resultaros revelaron 428.000 partículas. Si comparamos este dato con las 20.000 o 30.000 partículas que suele haber en calles como la Meridiana, una de las que tienen más tráfico rodado de la ciudad condal, el problema para el medio ambiente queda patente.

Cuando atracan en el puerto, la actividad en estas ciudades flotantes no cesa. Se sigue quemando gasoil para que los motores estén en marcha y se alimente la electricidad, piscinas, cocinas, aire acondicionado, cines o gimnasios. En ciudades como Rotterdam y Oslo, los cruceros obtienen la energía conectándose a la red, una alternativa que descarta Jordi Vila, responsable de medio ambiente de la Autoridad Portuaria. Su propuesta pasa por el uso de gas, pero solo un barco -que además navega por el Báltico- está adaptado para ello.

Los cruceros, igual que otras embarcaciones que operan en el Puerto de Barcelona, emplean fueloil pesado, que tiene hasta 3.500 veces más azubre que el diésel que utiliza el tráfico rodado. Las emisiones producidas al quemarlo afectan al cambio climático, la agricultura, los ecosistemas y a la salud humana. Los más perjudicados son los habitantes de los barrios más cercanos al puerto; pero como decíamos al principio, las contaminación llega hasta 400 kilómetros de distancia del puerto.

Tanto ecologistas como vecinos critican la falta de regulación, control y evaluación ambiental sobre los cruceros debido a la poca «voluntad política» a la hora de hacer frente al problema, mientras que otras ciudades europeas si que han actuado; y denuncian la «opacidad» que hay sobre como afecta esta contaminación del aire a los vecinos de la ciudad condal y a los trabajadores del puerto. Mientras, las autoridades siguen recibiendo con los brazos abiertos a la nueva gallina de los huevos de oro del turismo.

Más información: EFEverde, El País

Foto: Ajuntament Barcelona

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