Las empresas japonesas y su lucha contra el plástico

La sociedad japonesa ha dicho adiós a las bolsas de plástico gratuitas y sigue avanzando para ser un país menos contaminante.

La preocupación por la defensa y protección del medio ambiente se extiende por el mundo de forma implacable y llega a todos los países antes o después. Una de las medidas más conocidas de esta lucha se ha convertido en la retirada de las bolsas de plástico gratuitas en tiendas y supermercados. Una medida que en España ya lleva activa desde hace un buen periodo de tiempo, pero que en otros países aún está haciendo su debut. Esto ha ocurrido, por ejemplo, en Japón, donde la bolsa de plástico ha dejado de ser gratuita desde el día 1 de julio.

El abandono de las bolsas de plástico en Japón

Casi un mes después de su entrada en vigor, la medida va impactando entre el público japonés, mientras las empresas se plantean distintas formas por las que podrían ser más responsables con el medio ambiente. Lo que vemos en las tiendas japonesas en el día a día es una combinación de tres tipos de cliente.

El primero es el que ha adoptado ya el uso de bolsas de tela plegables. Se han puesto de moda rápidamente y se venden en la mayoría de tiendas, tanto supermercados como tiendas de ropa, centros comerciales y otros comercios. Es un producto que da mucho juego y que está viéndose reforzado con la disponibilidad de modelos personalizados con todo tipo de personajes, diseños y estilos. Las familias tienen una media de alrededor 2-3 bolsas plegables en casa, aunque lo que de momento no está tan implementado es la costumbre de usarla de forma habitual. En ocasiones se ve cómo estas bolsas acaban olvidadas y no utilizadas para su objetivo real.

Pero poco a poco la sociedad se va habituando a llevar una de estas bolsas de tela plegables en el bolso o en la mochila. Y debido a su amplio espacio y capacidad, se acaban convirtiendo en el salvavidas cada vez que nos desplazamos al supermercado.

El segundo tipo de consumidor es el que todavía depende de la bolsa de plástico, en especial en aquellas visitas al conbini (las tiendas de 24 horas que hay repartidas a lo largo y ancho de todo el país). Por lo general son compras rápidas que a veces realizamos sin planificarlo, por lo que es común que no llevemos nuestra bolsa porque no pensábamos comprar nada cuando salimos de casa. En este caso los clientes que quieren bolsa tienen que hacer el pago de la misma. El precio depende del tamaño, pero en ningún caso va más allá de unos pocos yens. Los empleados del conbini siempre preguntan al cliente si quiere comprar una bolsa y en algunos casos se aprecia la satisfacción en ellos cuando el cliente la rechaza. Esto ayuda a ver que el compromiso por reciclar y ayudar al medio ambiente ha calado hondo entre la sociedad japonesa.

Finalmente tenemos un tipo de cliente que también hemos visto en España y que resulta lógico dentro de la situación, al menos en los primeros meses-año. Se trata del cliente que prefiere cargar con su compra a la vista de que no tiene interés en adquirir la bolsa de plástico, ya sea para evitar el gasto o para contribuir a la lucha contra la degradación del medio ambiente. Este cliente suele darse también en los conbini, donde las compras no son voluminosas: un refresco, un sándwich, una bolsa de patatas, un helado, una revista, ese tipo de cosas. También hay quien hace la compra en el conbini, a sabiendas de que los precios pueden ser más altos que en el supermercado, pero en ese caso suele ser un cliente que encaja en el primer grupo o, en algunos casos, en el segundo.

El reciclaje contra la cultura del omotenashi

El omotenashi (おもてなし escrito en hiragana o お持もて成なし en kanji) es una palabra que representa la hospitalidad japonesa. Podéis entender que si existe una palabra independiente para este término es porque la hospitalidad de los japoneses se encuentra a otro nivel. Se podría escribir un libro solo hablando de la forma en la que los japoneses viven y forman su vida de interacción con público, clientes y otras personas alrededor de este término. El omotenashi está en las tiendas en la relación dependiente-cliente, pero también en los vecindarios, en el vínculo que existe entre los vecinos de un mismo edificio. Este concepto ayuda a que la vida en Japón sea más satisfactoria y agradable.

Los ejemplos de la vida en los que el omotenashi está presente los podemos apreciar en el día a día de forma constante. Hay que tener en cuenta que el término va más allá de cualquier búsqueda de recompensa. Al hacer omotenashi, los japoneses y su cultura no buscan conseguir nada a cambio. Se produce de una manera natural y desinteresada. Para ellos el omotenashi es natural, orgánico y en cierto modo imprescindible.

Cualquier negocio o empresa hace omotenashi y esto no llega a los clientes solo a través de palabras de empleados o dependientes, sino también mediante gestos. Por ejemplo, lo vemos representado en muchas de las empresas que producen dulces, galletas y otros artículos similares. Existe la costumbre entre estas compañías de envolver cada una de las unidades de sus snacks de forma individual, al mismo tiempo estando dentro del envase de plástico original. Es decir, que si una bolsa de galletas incluye 50 galletas, es muy posible que haya 50 paquetitos dentro, cada uno con una galleta.

En otros países se opta por medidas más coherentes con la defensa del medio ambiente, como por ejemplo dividir esas 50 galletas en dos bloques de 25 galletas, para que las consumamos con cierta flexibilidad. Pero para el omotenashi, lo que resulta un detalle es que cada galleta esté individualizada, a fin de ofrecer una mejor experiencia al consumidor. Los motivos son varios, desde ser algo que «queda bonito» hasta que de esta forma nos aseguramos de que no se ablande ninguna galleta que no nos comamos en el momento. Pero al mismo tiempo esto conlleva que cuando estemos comiendo esas galletas terminemos, en cuestión de 5 o 10 minutos con una montaña de envoltorios en la papelera esperando a ser tirados a la basura. Por supuesto, el impacto de esto en términos medioambientales es muy negativo.

Tal y como hablamos de galletas podemos hacerlo de otros productos. Por ejemplo, en tiendas de conveniencia se comercializan frutas y otros artículos en pequeñas cantidades para que las podamos disfrutar en el momento como snack. Por ejemplo, los plátanos son muy populares por la cantidad de nutrientes y energía que proporcionan a quienes los comen. Pero como podéis imaginar, cada plátano se envuelve en plástico por separado, se le aplican las etiquetas obligatorias e incluso puede llevarse otra etiqueta más (incluso varias más) en el caso de que pasen las horas y el producto no se haya vendido, por lo que se le aplican etiquetas de rebaja para fomentar el interés del consumidor.

Educando a la sociedad para reciclar

Japón es un país que lleva mucho tiempo reciclando en el proceso de la recogida de basuras. Lo que para nosotros es «reciente», la separación de distintos residuos en dos tipos de bolsa, para ellos es muy natural, y no solo se realiza con dos tipos de separación. La recogida de basuras sigue una política bien establecida por la cual un día se recogen residuos inflamables, otro día botellas y latas, otro cartones y otro en el cual podemos poner en los puntos de recogida distintos artículos previa colocación de una etiqueta de retirada (un microondas, una bolsa llena de discos de música, etc). La sociedad, podríamos decir que en su mayor parte, aunque siempre hay algunas excepciones, se ha acostumbrado bien a esta práctica y eso ha ayudado a que las ciudades tengan un sistema de recolección de residuos muy bien organizado.

Al mismo tiempo, las ciudades japonesas son ciudades limpias. De forma paradójica, Japón es un país donde mayormente no hay papeleras. Salvo en centros comerciales, donde hay papeleras como en los de cualquier otro país del mundo, y en las estaciones de tren, no es habitual encontrar papeleras en ningún lugar. Los ciudadanos están habituados a llevar una bolsita de plástico (de nuevo el plástico) dentro de sus bolsos de mano o mochilas, donde van introduciendo todos los envoltorios que generan cuando se encuentran en la calle. Cuando llegan a casa tiran esas bolas de residuos en su bolsa de la basura y así evitan que por las calles haya papeleras.

Otro ejemplo de la educación de los ciudadanos se encuentra en la forma en la que están acostumbrados a reciclar latas y botellas de bebidas, cafés, zumos o refrescos. Es frecuente que haya máquinas de bebidas en toda la ciudad y que junto a estas se encuentran papeleras específicas para sus envases. De esa forma los ciudadanos pueden beber la bebida después de comprarla y tirar el envase para su correcto reciclaje. Muchas de estas papeleras de envases tienen separaciones para latas, botellas o botellas de plástico, de forma que los ciudadanos se puedan acostumbrar todavía más a la importancia de reciclar. Curiosamente, en muchos de los casos la separación interna en estas papeleras no existe, por lo que todos los envases acaban cayendo a la misma bolsa. Pero en principio sirve como medida educativa para ir enseñando a las personas la importancia que tiene el reciclaje.

La intención de querer hacerlo mejor

Se atribuye a Japón una gran responsabilidad a la hora de generar recursos y hay aspectos de su tradición, como el omotenashi que no ayudan a cambiar esta imagen. Pero tal y como os hemos contado, la realidad es que se trata de un país que tiene muy en cuenta la importancia de reciclar, de separar los residuos y de hacer todo lo posible para ayudar al medio ambiente. En los próximos años, con la retirada de las bolsas de plástico, los niveles de contaminación que generará la sociedad japonesa todavía se reducirán en mayor medida.

Y las empresas han comenzado a buscar formas de aliviar los efectos que el omotenashi provoca. A raíz de una recolecta de firmas iniciada por una universitaria, algunas de las principales productoras de snacks han hablado de cómo se van a plantear medidas que les permitan introducir un cambio en sus envoltorios. No se habla específicamente de reducir la cantidad de mini-envoltorios que tienen estos productos, pero sí de buscar una alternativa que pueda significar un menor daño contra el medio ambiente. Por ejemplo, se podría optar por un tipo de envoltorio que estuviera compuesto de un material reciclable y no de plástico. No obstante, este cambio posiblemente tardará en producirse a la vista de que las empresas tienen instaurada esta filosofía desde hace mucho tiempo.

Luchando contra lo desconocido

Todo cambio requiere cierta preparación y cierto periodo de tiempo en el cual se vayan acostumbrando las empresas y los ciudadanos a que todo se modifique. No es fácil conseguirlo. Todavía se ven incongruencias variadas. Por ejemplo, en algunas tiendas, cuando no compramos bolsa, lo que hace la dependienta es poner una pequeña etiqueta de compra en cada producto, para que se sepa que eso ya lo hemos pagado. Con ello lo que ocurre es que se llega a contaminar incluso más de lo que lo haría entregar una bolsa de plástico al cliente. Pero de esa manera no se estaría enseñando al cliente, que es quien se va a casa con el conocimiento de no haber recibido la bolsa de plástico en cuestión.

Este tipo de situaciones van a ser comunes en los primeros tiempos hasta que todo vaya cambiando. También se espera que poco a poco se acabe con el gran exceso de papel que se produce en el país, el cual en realidad está a la par de lo que ocurre en España: multitud de panfletos publicitarios, enormes tickets en las tiendas y todo tipo de impresos. A los japoneses, una sociedad que sigue usando el fax en el día a día en vez del correo electrónico, le va a costar quitarse la costumbre de usar papel en grandes cantidades. Pero llegará el día, seguro. Por ahora, el país está haciendo grandes esfuerzos.

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