La revolución aérea: drones al servicio del medio ambiente

Los avances tecnológico en el área de de vehículos aéreos no tripulados, conocidos como UAVs por sus siglas en inglés, han abierto un mundo de posibilidades. Los usos potenciales de estos aparatos incluyen desde la monitorización de animales en peligro de extinción hasta la obtención de mapas 3D.

dron

La región de Murcia cuenta con varios proyectos que buscan aprovechar el potencial de estos aparatos. Aunque los drones sean conocidos sobre todo por su uso en misiones militares, sus aplicaciones civiles son cada vez mayores. Son mucho más baratos de operar que un helicóptero, al no requerir tripulación y consumir mucho menos combustible. Asimismo, sus requisitos en términos de instalaciones para el despegue y aterrizaje son muy bajos.

Podemos dividir a los drones en dos tipos: ala fija y ala rotatoria. Los primeros son aviones pequeños que se pueden lanzar manualmente, mientras que los segundos son más bien helicópteros (pero tienen las hélices repartidas en varios ejes, de ahí que se denominen multicópterlos). Los drones tienen el tamaño suficiente para cargar con sensores de infrarrojos, cámaras, radar, etc. Esto les permite juzgar si en una zona hay elevados niveles de sustancias contaminantes en el aire.

Los drones de ala rotatoria o multicópteros llegan a zonas que serían demasiado pequeñas para un helicóptero convencional, ya sea por capacidad de maniobra o de aterrizaje y despegue. Y los drones de ala fija pueden volar a velocidades excepcionalmente lentas, unos 50km/h, y altitudes muy bajas (unos 100 metros). Esto significa que son mucho más adecuados a la hora de realizar tareas de fotografía a distancias cortas.

Por poner un ejemplo, después del accidente nuclear en Fukushima un modelo fabricado por Honeywell, el T-Hawk, tomó fotografías a distancias cortas de la zona. Por el contrario, un avión tripulado habría expuesto a sus pilotos a la radiactividad. Sin embargo, esto también es una limitación en las misiones de rescate, donde siguen haciendo falta aeronaves tripuladas.

En general, los usos civiles de los drones se suelen encuadrar en la monitorización y vigilancia de zonas remotas o de difícil acceso. Imaginemos por ejemplo la red eléctrica: miles de kilómetros de cables recorren toda la geografía española. Este es el motivo de que Endesa haya empezado a utilizar drones para monitorizar el estado de la red en zonas de Cataluña.

Otro uso potencial lo encontramos en la protección de especies en peligro de extinción. Como este tipo de animales suele vivir en zonas muy apartadas, resulta poco práctico enviar patrullas para interceptar a los cazadores furtivos. Sin embargo un dron es capaz de posicionarse durante horas sobre la zona en la que habita la especie en cuestión y transmitir imágenes en tiempo real. El control de los drones se puede hacer bien desde un centro de mando, o bien desde una aplicación en un móvil, tablet u ordenador.

Uno de los campos que más potencial futuro ofrecen al uso de estas pequeñas aeronaves es el de la topografía. La empresa AOT Topografía precisamente los utiliza para realizar mediciones de terreno. Por su parte, Hábitat Estudios Ambientales no sólo utiliza sino que desarrolla y construye drones. En su caso el uso está enfocado sobre todo al sector forestal, la arqueología y la minería.

En una demostración reciente, ambas empresas colaboraron para tomar las medidas de un colegio en tiempo real. El centro educativo en cuestión es el Severo Ochoa, situado en Los Garres.

En uno de los ejemplos más claros de cómo los drones pueden ayudar al medio ambiente, tenemos su papel en la prevención de vertidos tóxicos y de basuras. Aunque los drones por sí mismos no pueden evitar estos desafortunados incidentes, sí que pueden avisar de la fecha y hora en que se han producido, e incluso identificar los vehículos utilizados. Esto facilita mucho la tarea de las fuerzas de seguridad en la lucha contra la contaminación.

Incluso en áreas como los mapas pueden resultar de mucha ayuda. Por lo general, los datos que puede recopilar un dron son más exactos y detallados que los que se obtienen por medios tradicionales. O imaginemos si no la agricultura: combinando sus diversos sensores, un dron puede ofrecer datos que permiten estimar la actividad fotosintética de las plantas. De esta forma el agricultor puede ver si sufren algún tipo de enfermedad o carencia. También es más fácil detectar la presencia de malas hierbas sin tener que realizar una visita a la plantación.

Y a su vez estos datos pueden servir para optimizar el uso de fertilizantes o riego. Incluso la Administración pública puede emplear drones para vigilar que las parcelas que hayan recibido subvenciones están cultivando el número de hectáreas que aseguran cultivar.

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