La rarefacción de las brumas calienta la atmósfera

Desde hace unos treinta años, los períodos de brumas y nieblas se han reducido considerablemente, sobre todo en Europa. ¿La razón? El consumo de carbón bajó… Muchos científicos consideran que este cambio debe tenerse en cuenta para comprender el cambio climático.

¿Por qué hay menos nieblas en Europa ahora que hace treinta años? Con todo claramente establecido, este fenómeno no se había estudiado aún a escala. Robert Vautard y Pascal Yiou, investigadores en el Laboratorio de las ciencias del clima y el medio ambiente (LSCE) y Geert Jan Van Oldenborgh, meteorólogo holandés, se han decidido a aclarar las causas de esta extraña modificación de la climatología local.

Nula necesidad de proceder a complejos registros sobre largos períodos para evaluar la amplitud del cambio. Los aeropuertos del mundo entero les han venido haciendo el trabajo desde hace décadas. Bastaba por lo tanto con recuperar todos los valores debidamente inscritos de lo que la aeronáutica denomina técnicamente: visibilidad horizontal.

Niebla en una montañosa región griega

Niebla en una montañosa región griega

El resultado es que desde los años setenta, el número de períodos incluyendo brumas y nieblas ha sido la mitad. Esta estadística se acompaña de un informe asombroso: la rarefacción es más importante en Europa del Este que rn el resto del continente.

Los investigadores, que publican sus resultados en Nature Geoscience, consideran que el «aclarado de la atmósfera» podría contribuir significativamente al calentamiento climático del continente. En efecto, cuando el aire se llena de niebla, la parte más importante de la radiación de sol es reflejada, volviendo a salir hacia el espacio, lo que enfría las bajas capas y el suelo.



¿Pero por qué las brumas y nieblas desaparecen? Es justo donde se produce el dióxido de azufre, o al menos su rarefacción. Esta molécula se produce, en particular, por la combustión del carbón y el petróleo y es potencialmente tóxica para los seres vivos. Sobre la atmósfera, sus efectos son contrarios a los de gas de efecto invernadero. Aumentando el albedo (la reflexión de la luz), devuelve una parte de la radiación solar hacia el espacio, reduciendo el calentamiento del aire.

La presencia de dióxido de azufre causa también la aparición de aerosoles, en este caso de las partículas de sulfatos. Al igual que las partículas, se convierten en núcleos de condensación alrededor del cual se forman las gotitas de agua … es decir, la niebla. Menos dióxido de azufre, menos partículas en suspensión, por lo tanto menos niebla. Hipótesis perfectamente corroborada por la observación directa, ya que a raíz del abandono progresivo del carbón para la calefacción, las emisiones de dióxido de azufre en España vieron su cantidad disminuida muchísimo en los últimos treinta años.

Niebla en una llanura de Frisia oriental, Alemania.

Niebla en una llanura de Frisia oriental, Alemania.

Esta circunstancia agravante al alentamiento climático tiende sin embargo a disminuir sus efectos debido a la parte cada vez más reducida del dióxido de azufre en la contaminación atmosférica. Su emisión es a día de hoy tan escasa que incluso su supresión total no implicaría consecuencias que se llegasen a notar sobre la frecuencia de brumas y nieblas. En consecuencia, el calentamiento climático en Europa no debería depender más únicamente que de la emisión de gases de efecto invernadero en las próximas décadas.

Imágenes: Niebla en región montañosa por Aitoloakarnania, 2005 en Wikimedia Commons

Ground fog in East Frisia (Moordorf) por pixelfehler/Matthias Süßen en Wikimedia Commons

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