La gestión de basuras en el espacio

Entre 200 y 2.000 kilómetros sobre la superficie terrestre hay más de 30.000 objetos de basura espacial, que en los próximos dos siglos pueden provocar 20 colisiones fatales.

Normalmente no prestamos demasiada atención al problema de la basura espacial. Es cierto que ya tenemos bastantes quebraderos de cabeza dentro de la propia Tierra como para preocuparnos de lo que pasa fuera de ella, pero la basura espacial pronto podría convertirse en un grave problema. Los expertos calculan que en los próximos 200 años podrían producirse unas 20 colisiones fatales, con las terribles consecuencias que tendrían para nosotros, por ejemplo, en el mundo de las telecomunicaciones. Eso, sin contar la basura que se acumule en estos dos siglos.

La basura espacial la conforman la enorme cantidad de objetos artificiales sin ninguna utilidad que orbitan nuestro planeta a unas velocidades que fácilmente pueden superar los 27.000 kilómetros por hora. Se trata de restos de satélites viejos o naves espaciales, como trozos de cohetes que se desprendieron, naves ya obsoletas, partículas de pintura u objetos que se soltaron durante las misiones que no lograron regresar a la atmósfera terrestre y se quedaron flotando a su suerte alrededor de la Tierra.

Gran parte de esta basura espacial se encuentra en la zona conocida como órbita terrestre baja, la que se encuentra entre los 200 y 2.000 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra. La razón es simple, ya que en ella se realizan la mayoría de operaciones espaciales, lo que provoca una mayor acumulación de basura. Se calcula que hoy en día en la órbita terrestre baja hay más de 30.000 objetos con una longitud de más de 10 centímetros.

Para evitar un aumento de esta basura espacial, en la Conferencia Europea sobre Deshechos Espaciales se propuso la creación de un código de buenas prácticas espaciales. En él se proponía que los operadores espaciales programen a sus equipos para volver a la Tierra una vez cumplida su misión en lugar de dejarlos abandonados en el espacio o realizar una recogida de basura espacial, para lo que se debería poner en marcha una misión especial para recoger los satélites que ya no se utilizan. De momento, lo único que tenemos son las unidades dedicadas a la vigilancia de estos residuos creadas por las agencias espaciales más importantes.

Aunque la hipotética caída de estos restos a la Tierra pueda parecer alarmante, hay que tener en cuenta que estos cuerpos suelen desgastarse rápidamente al entrar en la atmósfera, por lo que su tamaño se reduce considerablemente. Además, el hecho de que más del 70% de la superficie esté cubierta por agua disminuye en gran medida las posibilidades de que caigan sobre una zona habitada. Esto fue lo que pasó con el satélite UARS de la NASA, que cayó a las aguas del Pacífico.

Fuente: Ecología Verde

Foto: [[user:]] en Wikimedia Commons

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