La burbuja inmobiliaria dificulta la extinción de incendios

Las edificaciones ilegales en el monte, fruto de la burbuja inmobiliaria, hacen que los bomberos se centren en protegerlas y desatiendan frentes más importantes en los incendios.

Cada verano, cientos de hectáreas de masa forestal arden en toda España. Pirómanos, imprudencias, accidentes o la propia naturaleza provocan unos fuegos que encuentran a su mejor aliado en un clima seco, las altas temperaturas, el viento y unos recortes que han afectado tanto a la limpieza de los bosques como a las dotaciones de bomberos. A este cóctel explosivo hay que añadirle un nuevo ingrediente: las edificaciones ilegales que nos ha dejado la burbuja inmobiliaria.

Se trata de un nuevo problema que ha aparecido en los últimos años, como explica el capitán Salvador Ortega, miembro del Seprona. La razón es fácil: si los bomberos se centran en proteger casas y vidas humanas, se pierden efectivos en la lucha contra los frentes más peligrosos del fuego. De esta forma, los equipos anti incendios concentran sus esfuerzos en unas zonas que no son las más peligrosas de cara a frenar en avance de las llamas, lo que perjudica la extinción del fuego.

Ortega explica que se trata de un fenómeno nuevo, que hace unos años “no era un problema tan severo”. Durante los años anteriores a la crisis se multiplicaron proyectos urbanísticos como urbanizaciones o casas aisladas en lugares situados en pleno monte o en terrenos forestales. Se trata de edificaciones que a veces están en lugares de difícil acceso, que se construyeron sin la licencia correspondiente o que recibieron una autorización ad hoc para poder construirse.

Este verano se han registrado menos fuegos, y la mayoría de menor gravedad, que en temporadas anteriores, aunque Ortega insiste en que no debemos ser muy optimistas ni bajar la guardia. Hasta el 1 de septiembre, la Guardia Civil actuó en cerca de 1.800 incendios, de los que aclaró casi la mitad. La mayoría estaban relacionados con quemas agrícolas y de pastos, trabajos con máquinas y motores, líneas eléctricas o quema de basuras. También hubo los relacionados con los cohetes, el tabaco, la venganza y el odio. Los incendios causados por pirómanos subieron a 28, aunque solo se detuvo a 11.

Respecto a la titularidad de los bosques, el capitán del Seprona apunta a que es más importante el tamaño de los bosques. En el caso de los más pequeños es “poco rentable” realizar una gestión ambiental adecuada, ya que los propietarios no tienen recursos económicos para ello. Al contrario, para los grandes propietarios -sean públicos o privados- “les resulta menos gravoso mantener los montes en unas condiciones seguras”.

Fuente: El Mundo

Foto: wakalani

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