El río Tajo ejemplifica el compromiso de Lisboa

Con la firma que se cerró en el Tratado de Lisboa de diciembre del 2009 se hizo un paso que, tras casi dos años, significó que la Unión Europea se puso seria con el cambio climático y el deterioro ecológico que está padeciendo Europa y por extensión el mundo.

Hace casi dos años que la Unión Europea se puso seria con el cambio climático y el deterioro ecológico que está padeciendo Europa y por extensión el mundo. Entró en vigor en diciembre del 2009 el Tratado de Lisboa, en el que las autoridades europeas ponían en común un acuerdo de mínimos. Fueron unos días en los que los hoteles en Lisboa estaban con el letrero de no hay más habitaciones libres. Quizás el interés por los problemas medioambientales empiecen a tener la relevancia exigida.

El río Tajo es uno de los enclaves medioambientales claves de Lisboa

La gran idea de este tratado se resume en lograr un desarrollo sostenible en el viejo continente y aumentar tanto la protección como la calidad del medio ambiente. Como ejemplo, podemos encontrar la propia ciudad que acogió la cita. Y es que el puerto de Lisboa a pesar de estar dentro de la Reserva Natural del Estuario del Tajo y de estar reconocido como un lugar de gran interés en su conservación medioambiental, muchas veces choca con el gran movimiento comercial que acoge una infraestructura de este tipo.

No debe dejar escapar la oportunidad de admirar la belleza y elegancia de los flamencos y otras especies que llenan uno de los estuarios más importantes y preciosos de Europa. Al tratarse de una Reserva Natural, el país luso ha puesto especial cuidado en protegerlo y hoy se puede remarcar que es una de las diez áreas húmedas más destacas del continente.

Es curioso como no se le da tanta importancia en las agencias turísticas a la posibilidad de recorrer esta zona en barco y descubrir la variedad de sus más de 100.000 aves que como media suelen pasar el invierno en sus cálidas aguas y clima benigno. Pero no solo es esta increíble zona que te invita estas tierras; sin ir mucho más lejos, en un radio de 50 kilómetros podremos disfrutar de la visita de otras Reservas Naturales.

Por nombrar a una de éstas, me quedo con la Reserva Natural de Paul de Boquilobo, situada en el propio Tajo y que tiene la colonia de garzas de más tamaño de toda la península Ibérica. No en vano está incluida en la Red Internacional de Reservas de la Biosfera, que está bajo el sello de UNESCO. En definitiva, que es bonito visitar Belem o recorrer las calles del Barrio Alto, pero sin duda, perder la oportunidad de descubrir los tesoros ecológicos de Lisboa es quedarse sin una gran parte de su encanto.

Fotografía: Fr Antunes

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