El río Mekong afronta el cambio climático

Los habitantes de la cuenca del Mekong, el quinto río más largo de Asia, han tenido muy poca responsabilidad en las emisiones contaminantes causantes del cambio climático, pero pueden sufrir ahora los peores efectos. Se prevé que tifones, avenidas de agua y sequías castiguen cada vez más esta región. Cabe recordar que el Mekong es un gran nervio acuático que nace en el Himalaya y desemboca en el mar de China, tras recorrer unos cinco mil kilómetros y atravesar seis estados.

El Mekong afronta uno de los retos más importantes de su historia

La deforestación agrava los problemas, porque erosiona el suelo y disminuye las defensas contra las inundaciones. Y también porque mucha gente vive de los recursos que obtiene de los bosques. Es el caso de esta remota comunidad de Camboya. A través de un programa de cooperación de la Unión Europea con ONG locales, han recibido el control sobre más de 1.800 hectáreas de bosque, con la condición de explotar de forma sostenible y de no cortar ningún árbol sin permiso. También deben patrullar por la selva.

Los encargados de supervisar esta zona del bosque varias veces han encontrado indicios de tala ilegal. Cuando esto ocurre, explican a la gente que está estrictamente prohibido. A cambio, pueden recoger libremente todos los otros productos, como setas, bambú o miel. Así se cumplen dos objetivos: luchar contra la pobreza, dando a la población un medio de vida, y mantener el papel del bosque como regulador del clima.

En el país vecino, Vietnam, el Mekong se abre formando un gran delta. Aquí, el gran riesgo son las avenidas de agua, que pueden incrementarse debido al cambio climático. Hay gente que tiene la casa por debajo del nivel del río y tiene que estar preparada para hacer frente al peligro.

Y uno de los mejores lugares donde enseñar qué hacer en caso de catástrofe son las escuelas, como esta de Long Thoi. En la fiesta de final de curso se organiza una competición. Dos equipos han construido balsas con troncos y hacen una carrera. Todo esto da a los alumnos idea sobre qué hacer en caso de desastre natural. Saben así que si hay una gran riada, pensarían en coger una barca e ir a un terreno más elevado. Y si no hubiera barca, podrían construir una balsa con los materiales locales.

La escuela actúa de correa de transmisión para difundir la información a las familias y al conjunto de la comunidad. Además, prepara las generaciones que tendrán que afrontar la mayor frecuencia de estos fenómenos extremos. Generaciones que prácticamente no habrán contribuido al cambio climático, pero que sufrirán sus consecuencias si no actuamos.

Foto: Rolling Okie

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