El problema de la basura espacial

La incertidumbre sobre el lugar de caída del satélite de la NASA UARS ha sido una de las noticias más curiosas de las últimas semanas en cuanto a temas científicos. Aunque los restos del satélite artificial finalmente han impactado en las aguas del océano, el hecho de que hubiera una ínfima pero real oportunidad de caer sobre algún ser humano ha reavivado una serie de cuestiones a tener en cuenta alrededor de la gestión de unos residuos que, a pesar de no verlos, pueden acabar sobre nuestras cabezas.

Si nos lo proponemos, el espacio puede ser el mayor vertedero de la historia

Se considera basura espacial tanto los restos de satélites en desuso como los instrumentos utilizados para la reparación y montaje, así como utensilios relacionados con la vida espacial. Habitualmente esta chatarra se mueve en órbitas preestablecidas, pero ha habido ocasiones en que dos objetos han colisionado, lo que ha originado la aparición de otros fragmentos que se han esparcido alrededor del planeta.

Así pues, restos de satélites y de cohetes han convertido el espacio en un pequeño vertedero, y cabe saber cómo se trabaja para detectar estos desechos para evitar riesgos. Millones de astros son observados con potentes telescopios terrestres e, incluso, con telescopios situados en órbita, como el Hubble, para conocer mejor las características del universo. Pero la ESA, la Agencia Espacial Europea, también tiene una red de vigilancia para detectar cuerpos muy pequeños que pueden causar grandes problemas: los desechos espaciales. Con telescopios como el del Observatorio del Teide, en Tenerife, se sigue la pista de los restos que se encuentran en órbitas altas, a unos cuantos miles de kilómetros de altura.

Hace poco más de cincuenta años que se puso en órbita el primer satélite artificial. Desde entonces se han lanzado miles y muchos giran actualmente alrededor de la Tierra. Todo ello ha generado restos muy diversos. Ante una posible caída de algún elemento de la basura espacial en la Tierra, hay que tener en cuenta dos factores iniciales: la mayoría de cuerpos se desgastan a medida que rozan con la atmósfera terrestre -de modo que se reduce su tamaño- y, como tres cuartas partes de la Tierra están cubiertas por agua, la probabilidad de que caigan en el océano es mucho más alta que en zonas terrestres, potencialmente habitadas por seres humanos.

Sin embargo, la gran cantidad de objetos que orbitan alrededor de la Tierra ha llevado a las grandes agencias espaciales a crear unidades dedicadas a la vigilancia y el seguimiento de la chatarra espacial.

Foto: Xamad

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