El narcotráfico deforesta América Central

La deforestación de los bosques de América Central es uno de los efectos más desconocidos del narcotráfico, que entra en zonas protegidas construyendo caminos o pistas de aterrizaje.

Cuando se evalúan los daños producidos por el narcotráfico nos solemos fijar en el coste social y humano del problema, pero hay una tercera vertiente que parece invisible pero que a medio y largo plazo puede tener terribles consecuencias para nuestro planeta: la medioambiental. Así lo desvela un estudio publicado en la revista ‘Science’, que habla de la relación entre el aumento de la deforestación en países de América Central como Honduras, Nicaragua o Guatemala y el tráfico de drogas.

Debido a la presión de las campañas contra el narcotráfico emprendidas por los Estados Unidos, especialmente en México, los traficantes han retrocedido hasta otros países de América Central, donde establecen sus nuevas bases, como explica la principal autora del estudio, Kendra McSweeney. Los traficantes talan los bosques tropicales para crear pistas de aterrizaje clandestinas, nuevas rutas para transportar la droga o para crear instalaciones agropecuarias que les sirven para blanquear dinero.

2007 fue un año clave en el movimiento del narcotráfico hacia el sur. Entre ese año y 2011, la deforestación se multiplicó por cuatro en Honduras; una deforestación que coincide con el aumento del tráfico de cocaína en este país centroamericano. McSweeney, que lleva más de dos décadas investigando cómo los indígenas hondureños interactúan con su entorno, explica gráficamente que cuando los narcotraficantes decidieron mudarse al sur, llegaron acompañados de la devastación ecológica.

El problema es que la deforestación muchas veces tiene lugar en espacios protegidos, pero los sobornos de los traficantes a las autoridades locales impiden que se combata. El aumento del dinero en circulación hace que los habitantes de las zonas, especuladores en tierra y explotadores de los recursos madereros aumenten sus operaciones en detrimento de los indígenas, que se quedan solos en la defensa de los bosques.

Se trata de zonas donde a penas hay dinero en efectivo, y mucho menos dólares estadounidenses; pero su presencia son una señal inevitable de la llegada del narco. Honduras puso en marcha una campaña antidroga en 2012, pero el resultado fue el mismo: los narcotraficantes se han vuelto a mudar a nuevas zonas en el este de Nicaragua, y con ellos han llevado la deforestación fruto de la apertura de caminos y la creación de pistas de aterrizaje.

Como todos los problemas asociados a una actividad tan lucrativa como el narcotráfico, la deforestación es difícil de combatir. McSweeney critica los efectos de la acción militarizada estadounidense, y se muestra partidaria de una “reforma política de las drogas” para aliviar la presión sobre los bosques centroamericanos.

Vía: La Vanguardia

Foto: treesftf

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