El huracán Katrina, la gran catástrofe natural de los Estados Unidos

El huracán Katrina se da un 29 de agosto del 2005 arrasando casi por completo las costas de Luisiana, Misisipi y Alabama con vientos que tenían una velocidad de más de 240 kilómetros por hora dejando bajo el agua del lago Portchtrain a casi toda Nueva Orleáns.

El huracán Katrina, de categoría 5 se encontraba en un principio rumbo a la Florida sin embargo, a último momento se desvió hacia el Golfo de México yendo directamente a Nueva Orleáns para luego cambiar de improviso a las costas de Misisipi y Alabama. De hecho, a pesar de todas las advertencias que se hicieron, sobre todo por parte del Centro Nacional de Huracanes que ya le había dado una categoría catastrófica, no se pudo llegar a evitar que los daños sean devastadores.

Así, el 29 de agosto al tocar tierra, Katrina ya tenía una categoría 4, además contaba con unos vientos de más de 240 km por hora y se encontraba a 65 km de Nueva Orleáns. Las autoridades previendo las consecuencias devastadoras han hecho que los habitantes de estas zonas evacuen el área y por tanto, son más de 600, 000 habitantes los que han abandonado la zona en menos de 48 horas y solo 20,000 (las más carentes de recursos) han quedado salvaguardadas en el estadio deportivo Superdome. Sin embargo, un alto número de personas (60,000) ha decidido permanecer en sus casas, resistiendo el huracán desde sus hogares sin poder imaginarse cuál sería su desenlace.

A medida que pasan las horas, las aguas empiezan a invadir la ciudad, sobre todo sus zonas céntricas, de pronto las autoridades advierten que un dique de contención del Lago Pontchartrain ha tenido una falla estructural, es decir ha colapsado de manera total por lo que la ciudad, ubicada bajo el nivel del mar y también bajo las márgenes del lago, se encuentra sin protección y en total riesgo. De otro lado, el sistema de bombeo de la ciudad colapsa ante la descomunal presencia de la avalancha líquida , por lo que la ciudad queda sin comunicación y con un 80% de inundación de una profundidad de varios metros y además, sin electricidad en una zona donde el calor es desesperante (entre 41°C a 45°C) y asfixiante.

Las predicciones de los desastres que podría causar este huracán han sin mucho menores a la destrucción que ha provocado, el agua al haber avanzado con tanta rapidez ha dejado un alto número de víctimas, de hecho se pueden llegar a ver cadáveres flotando en áreas urbanas y muchas personas que están en los techos de sus hogares pidiendo ayuda a las autoridades o a los reporteros que recorren el área en balsas.



Los hospitales empiezan a colapsar en principio porque ellos ya cuentan con pacientes a los que hay que proteger del agua, y en segundo lugar porque empiezan a llegar heridos y deben atenderlos aún sobrepasando sus límites ya que no se cuenta con energía eléctrica y después, sin agua potable.
Los problemas siguen agravándose puesto que a la par de la desgracia, son inevitables los saqueos en zonas comerciales, y además, a pesar que el cuerpo de ingenieros del ejército quiere reparar las grietas de los diques del Lago Pontchartrain, le es imposible.

Ahora, las personas que han estado en sus casas o en los refugios estatales se encuentran desesperadas debido a la falta de agua potable, luz eléctrica y las comodidades que estas pueden dar como por ejemplo el aire acondicionado o servicios sanitarios, a decir verdad las personas se encuentran prácticamente sitiadas bajo las aguas. De hecho, la policía local comienza a rescatar a algunas personas que habían quedado atrapadas dentro de edificios y techos y también a controlar a los saqueadores, pero el nivel del agua es demasiado alto, llegando en algunos casos a tener 6 metros de profundidad en las mismas zonas residenciales de Nueva Orleáns, lo que hace que no se tengan los medios adecuados para llegar a las calles que ahora se han convertido en canales, en realidad, muy pocos sectores de la parte urbana pueden estar a salvo del
anegamiento.

Sin embargo, aquí no acaban los desastres. El huracán sigue su rumbo por las costas del Mississipi destruyendo el 90% de las casas y dejando a más de 80 muertos en las zonas costeras de Biloxi, Gulfport y Ocean Springs y dirigiéndose luego hacia Alabama.

El panorama de desintegración social es más que evidente en las zonas del desastre, de hecho con la llegada de la FEMA y de la Cruz Roja Americana no se logra calmar la situación ya que no hay suministros adecuados. Además, la situación en el Superdome es crítica pues las personas se encuentran en total hacinamiento puesto que no hay alimentos. Así, luego de dos días después del desastre no hay una respuesta estatal que dé respuestas y ayude de una manera eficaz a los supervivientes y aunque las fuerzas locales siguen ocupándose de los saqueos y del rescate de las personas, esto se torna cada vez más difícil.

Al tercer día, el alcalde de Nueva Orleans Ray Nagin pide desesperadamente a las autoridades federales la intervención inmediata y urgente, además apela con graves reproches al mismo presidente Bush quien se siente en la obligación de viajar a la zona. Entonces, empiezan a transportar a los heridos a otros hospitales, se envía a efectivos de la Guardia Nacional para recuperar el control de las calles y detener la anarquía.

Luego de una semana de la catástrofe, las perspectivas de recuperación de la ciudad son inciertas, de hecho la posibilidad de drenar las aguas para llegar a reparar los daños son nulas. Las consecuencias económicas en la actividad comercial y también turística son devastadoras. Los daños sociales en lo que respecta a la educación, justicia y vivienda y trabajo son incuantificables. Las víctimas son tantas que Estados Unidos reconoce que esta ha sido su peor catástrofe natural en su historia.

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