Cómo la cultura prehistórica representa el cambio climático

Hace más de 10.000 años, las montañas de Prades, en la comunidad autonómica española de Cataluña, tenían un paisaje muy diferente del actual, con espacios abiertos donde vivían caballos y otros mamíferos grandes. Ese también era a su vez un periodo de cambios culturales que merecen una especial atención para los investigadores.

Podemos aprender mucho de las culturas prehistoricas, también del clima

A través de diversas excavaciones, el IPHES, el Instituto Catalán de Paleontología Humana y Evolución Social, estudia la relación entre los cambios climáticos y las nuevas culturas. Para conocer la vegetación del momento se recogen sedimentos en los que, al microscopio, se verán restos de polen y esporas. Como la vegetación depende del clima, esto también permite deducir que a finales de la última glaciación había una alternancia rápida de periodos fríos y templados.

Así pues, en las épocas frías, este paisaje estaría básicamente colonizado por pinos, de manera que serían éstos arboles y no el que predomina ahora, que es el encinar, un bosque mucho más diversificado, con muchas más especies.

Las excavaciones revelan una evolución en la técnica para fabricar herramientas, adaptadas a la caza de nuevos tipos de animales. De esta manera también hay un cambio en el tipo de animales que consumían nuestros antepasados, con lo cual el perfeccionamiento, tanto de la Evolución lítica, como de los productos de los que se alimentaban sí que lleva a ser unos elementos mucho más estandarizados, de un tamaño mucho más pequeño.

En las llanuras empezaban a establecerse sociedades de agricultores y ganaderos y en estos abrigos quedaban reductos de cazadores recolectores nómadas. Pero el impacto de los cambios climáticos y en el ecosistema fue más allá de modificar las formas de subsistencia. Esto se puede ver en las reproducciones de pinturas rupestres de los museos locales. En las montañas de Prades, encontramos dos formas de entender y expresar el arte.

Por una parte, los cazadores tienen representaciones y escenas didácticas con elementos figurativos, muy realistas, en las que cualquiera puede hoy entender perfectamente lo que está viendo, y, en cambio, en el mundo agrícola y ganadero del Neolítico es totalmente diferente. Es abstracto, es esquemático y es muy difícil de entender. Un simbolismo quizá ligado a la mentalidad de una sociedad que pasaba a dominar las plantas y que necesitaba prever las condiciones que podían llevar o no a una buena cosecha. Todo ello ayuda a formar un relato que permite relacionar, en varios pasos, el polen de la vegetación prehistórica con el cambio en la expresión artística de las culturas más antiguas de la región.

Foto: Carla216

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