Cómo detener la arena y las olas en África

En Popenguine, a 40 kilómetros de Dakar, capital de Senegal, se libra una batalla contra el avance del mar: según los estudios, el litoral desaparece a una velocidad de entre uno y dos metros cada año, pero los puntos más vulnerables se pierden hasta 180 metros. No es necesario recurrir a investigaciones para comprobar como la erosión de las olas castiga el litoral senegalés: los efectos del cambio climático son muy evidentes en diferentes puntos.

En África los efectos del cambio climático plantean problemas mayores

Los residentes de Mbao afirman que el mar ha destruido muchas cosas. Antes, estaba a un kilómetro del pueblo, pero ahora el mar se lo ha llevado todo. En la localidad de Mbao el gobierno ha levantado un muro para intentar frenar la erosión de las olas. Pero no ha conseguido evitar que muchos de sus habitantes hayan tenido que abandonar sus hogares.

Y, si en Senegal se lucha contra el agua, en Mauritania, el país vecino, el caballo de batalla es la arena. Hassaniya lo sabe muy bien. Para entrar en su casa tiene que caminar sobre una duna. Una vez dentro, no se escapa de la arena. Su miedo es que, un día, el techo ceda y caiga encima.

Desde la ONG Bienfaisance sans Frontières aseguran que se puede ver como muchos de los habitantes han abandonado sus hogares debido al avance de la arena, ya que no han podido seguir viviendo en sus casas. Y eso da lugar también a un fenómeno muy peligroso, que es la migración de la gente desde el campo a las ciudades.

En Mauritania, la arena ocupa las dos terceras partes de la superficie del país. Su avance es preocupante y rápido, entre 6 y 10 kilómetros anuales. Parte de la culpa es del cambio climático, pero también de la desaparición de la vegetación. Sin árboles, no hay nada que frene el avance de las dunas. Por ello, el gobierno propuso crear cinturones verdes en torno a las poblaciones amenazadas por la arena e introducir nuevas especies vegetales que detengan la progresión de las dunas.

El Ministerio del Medio Ambiente cada año lleva aproximadamente cientos o miles de plantas de diferentes especies, locales e indígenas, además de especies introducidas, que están adaptadas y bien implantadas en el desierto y las zonas desertizadas. Son dos caras de la lucha contra el cambio climático en dos países vecinos de África. Un continente que pide medidas concretas e implicación por parte de la conferencia en Copenhague que se celebró el año pasado.

Foto: jpereira_net

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