¿Comer menos carne contra el cambio climático?

En 2006, la FAO, el organismo de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, calculó que la ganadería es responsable del 18% de las emisiones mundiales de los gases que provocan el cambio climático en un estudio sobre las repercusiones del ganado en el medio ambiente.

Ellas también pueden ser responsables del cambio climático

Este año, el Foro Interalimentario, que reúne varias empresas del sector cárnico y de la alimentación, encargó un estudio sobre la influencia de las explotaciones ganaderas españolas en el cambio climático.

Responsables del Foro Interalimentario explican que se estudian los efectos directos, como pueden ser las fermentaciones, la gestión del estiércol o como puede ser el pastoreo; y los indirectos, como puede ser la deforestación, el consumo de energía y agua, como puede ser el consumo energético por la fabricación de piensos. Es decir, todos los efectos indirectos que también puedan afectar el cambio medioambiental.

El trabajo, realizado por la empresa La Vola, concluyó que la ganadería produce un 9,26% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Los animales que más contribuyen son los cerdos y las vacas y los que menos, los conejos. El Foro considera que los datos demuestran los esfuerzos y las buenas prácticas de este sector.

Algunas medidas para reducir este impacto son cambiar la dieta de los animales para reducir las flatulencias. Esto, además, aumentaría la producción de carne y de leche. También se pueden aprovechar las basuras para obtener energía eléctrica. A nivel mundial también habría que reducir la destrucción de bosques para obtener pastos.

Pero hay quien va mucho más allá y pide reducir el consumo de carne entre la gente. Se trata de una opción controvertida, porque en muchos países en desarrollo el consumo todavía es bajo y la mejora del nivel de vida hace que se coma más. Los expertos en nutrición consideran que la clave de una buena alimentación es sobre todo la moderación y la diversidad. Y aquí juega un papel importante la carne. Sin duda, esta es la mejor de las fuentes de hierro, además de aportar proteínas de gran calidad, pero también es evidente que no podemos abusar de ella. El equilibrio, como siempre, es clave.

La obtención de proteína de origen animal es ecológicamente mucho más costosa que la de proteína vegetal, pero también es nutritivamente más eficiente. También hay que tener en cuenta que en el mundo hay 1.300 millones de personas que viven del sector ganadero y que mucha gente todavía tiene problemas de desnutrición. Finalmente, la ganadería no es una actividad puramente productiva, sino que permite fijar población en el mundo rural. Todo ello obliga a un debate que incluya aspectos ambientales, económicos, médicos y sociales.

Foto: Emmett Tullos III

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