Ciudades inteligentes: ¿eficiencia ecológica o económica?

Cornellà, L’Hospitalet o Málaga son algunos ejemplos de ciudades españolas donde se han puesto en marcha proyectos de ciudad inteligente, más encaminados al ahorro económico que a la eficiencia.

Aunque nos parece que hace siglos, tampoco ha pasado tanto desde que las ciudades españoles competían por ser la que tenía más iluminación o las flores y jardines más coloridos, aunque como muchos ciudadanos hemos notado la crisis ha hecho que las farolas se enciendan más tarde y se apaguen antes -o directamente no lo hagan- y los jardines hayan perdido parte de su encanto. Muchos ayuntamientos empezaron recortando la iluminación para ahorrar en la factura de la luz, aunque las nuevas tecnologías han permitido el desarrollo de las smart city.

Se trata del uso de dispositivos de eficiencia para hacer coincidir las necesidades de los habitantes de la ciudad con los servicios prestados. Sus objetivos son la sostenibilidad y el ahorro económico, lo que nos lleva a preguntarnos si esto se debe a una conciencia ecológica de nuestros alcaldes o a un nuevo método de ahorro. Probablemente sea la segunda, pero vamos a ver algunos ejemplos sobre el éxito de esta nueva moda.

El primer ejemplo lo encontramos en Cornellà, en el área metropolitana de Barcelona. En esta localidad, el sistema de riego y de alumbrado público se controlan a distancia. Para el riego, unos sensores de lluvia determinan si los jardines han recibido suficiente agua; mientras que el apagado de la mayoría de farolas de los parques públicos a medianoche han permitido ahorrar 10.000 euros al año. Adelantar 10 minutos los entrenamientos del club de atletismo también ha supuesto una reducción de la factura eléctrica, al gastar menos los focos de la pista.

Otro municipio barcelonés, L’Hospitalet, ajusta el alumbrado de toda la ciudad a partir de las 23:00, cuando se reduce gradualmente, de forma casi imperceptible, con lo que han ahorrado un 25% en el consumo eléctrico. Hasta 2015, se invertirán 600.000 euros en ahorro energético y telegestión. En septiembre, Málaga se convirtió en la primera ciudad española en instalar una smart gird o red inteligente a modo de prueba piloto. Pese a la poca influencia real, habrá que estar atentos a sus resultados.

Instalar una smart gird en una ciudad como Málaga es caro (hay que cambiar el cableado eléctrico, renovar los aparatos de medida, automatizar la red eléctrica…), por lo que a corto plazo parece difícil que pudan implantarse por completo en nuestras ciudades. De todas formas, hay que aplaudir las iniciativas de los ayuntamientos en busca de la sostenibilidad y eficiencia energética, aunque su trasfondo sea económico y no ecológico.

Más información: La Vanguardia

Foto: juantiagues

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