Carreras de montaña y sostenibilidad

El auge de las carreras de montaña en los últimos años ha despertado el conflicto entre el uso y la conservación de la naturaleza.

El 13 de septiembre se disputó una nueva edición del Desafío Oso Somiedo, una carrera de montaña que atraviesa el Parque Natural de Somiedo (Asturias) y que hubiese sido una de las muchas carreras de montaña que se celebran en nuestro país de no ser por la denuncia del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes ya que los corredores podrían cruzarse con los osos. La Fiscalía obligó a modificar el recorrido inicial -que contaba con el visto bueno de la Fundación Oso Pardo- pero abrió el debate entre el uso y la protección de la naturaleza.

Un conflicto que se acentúa debido al vacío legal que hay sobre la realización de unas carreras que en ocasiones incluyen espacios naturales protegidos en su recorrido y por la ausencia de planes de uso y gestión en las montañas españolas. Además, en los últimos años las carreras de montaña han crecido de forma espectacular, impulsadas por la Federación Española de Deportes de Montaña (Fedme), de la que dependen, y por numerosos clubs, empresas y particulares que han visto un nuevo negocio en los centenares de corredores a los que atraen.

Porque lejos de ser algo minoritario, y pese a las exigencias físicas que implican sus recorridos, estas carreras llegan a superar los 1.000 participantes, y se ven obligadas a establecer una cifra tope de corredores. Además del uso mercantilista de los espacios naturales, las críticas se dirigen a problemas como la erosión del suelo que provoca la afluencia masiva de corredores, la basura que se puede generar o los peligros para la flora y fauna, que pueden ser pisoteados y, en el caso de los animales, molestados.

Los organizadores obtienen los permisos presentando un dossier, y muy pocas veces la Administración realiza modificaciones en su recorrido. La Fedme explica que en sus competiciones no dejan rastro, y añaden que este año se ha introducido la figura del árbitro ambiental, encargado de estudiar si se ha afectado al medio ambiente, en especial en el tema basuras o restos de señalización; e indica que en el tema del daño ambientales “hay más ruido que nueces”. También critica que las carreras privadas (promovidas por deportistas sin federar, particulares o empresas) pueden dañar el medio ambiente.

Pero mientras no exista una regulación al respecto o se les obligue a presentar un informe de evaluación ambiental, serán las propias carreras las que tomen las medidas que consideren oportunas para proteger la naturaleza. Por ejemplo, en el Cadí-Moixernó solo se celebran cuando menos afectan a la flora y fauna; y en el Penyagolosa no se reparten vasos y ya no se puede correr hasta la cima.

Más información: La Vanguardia

Foto: El coleccionista de instantes

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