Biocombustibles de segunda generación

En la fábrica de la empresa Inbicon, en Kalundborg (Dinamarca) la materia prima es un residuo agrícola: la paja de trigo. De esta manera, no se utilizan las partes comestibles de las plantas. El producto obtenido es uno de los llamados biocombustibles de segunda generación, concretamente, etanol.

Inbicon es una empresa que aprovecha los residuos de la paja para generar combustible

El primer paso es triturar la paja para separar la lignina, que sería el esqueleto que sostiene las plantas leñosas. La lignina no se tira, sino que también se utiliza para obtener energía. El compuesto que se quería separar es la celulosa, que forma la base estructural de las plantas. En el proceso diseñado por Inbicon, la celulosa se transforma en líquido. Y aquí entran en juego las enzimas, catalizadores biológicos que son imprescindibles para que se produzcan ciertas reacciones. Las enzimas son muy específicos para cada proceso y en este caso han sido obtenidos por otra empresa danesa, Danisco, a través de su división Genencor.

A pesar de ser una planta de demostración, cuando esté en pleno funcionamiento aquí se tratarán diariamente cien toneladas de paja, que al cabo del año habrán permitido producir cinco millones y medio de litros de etanol. Este producto se utilizará mezclado con gasolina en vehículos de motor y reducirá hasta una sexta parte las emisiones de dióxido de carbono. Gracias al diseño eficiente de todo el proceso, se ha reducido el consumo de agua y de energía. Además de la lignina, se obtiene otro subproducto, la melaza, un azúcar que se utilizará como aditivo en piensos y que en el futuro también podría dar biocombustibles de segunda generación.

Pero el factor que lo limita es el precio de las enzimas, que todavía es demasiado elevado. Por ello, las empresas de biotecnología buscan procesos más rentables, conscientes de lo que puede significar este sector dentro de un tiempo. Se calcula que en 2020 el mercado mundial del bioetanol de segunda generación superará los 50.000 millones de euros anuales.

Una de las grandes ventajas del etanol respecto de otros biocombustibles es que no harían falta adaptaciones de los motores ni muchos cambios en la distribución. Los coches actuales admiten gasolina que tenga hasta un 25% de etanol. En países como Suecia están los llamados coches “flexible fuel”, que pueden funcionar tanto con gasolina como con etanol.

Algunos estudios señalan que el etanol proveniente de la celulosa sólo será rentable en el futuro si el barril de petróleo supera los 90 dólares. Pero si los acuerdos internacionales sobre el cambio climático se desatascan, la obligación de limitar las emisiones de dióxido de carbono daría un nuevo impulso a estos biocombustibles.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...