Alerta por la producción de Biocombustibles

Si bien fueron vistos como una valiosa alternativa ante el peligro de la escasez de los derivados del petróleo, su producción presenta una gran cantidad de aspectos negativos. Sin ir muy lejos dos estudios separados, publicados en la revista Science, revelan que los cultivos que hoy se desarrollan para producir alternativas a los combustibles basados en el petróleo emiten mucho más dióxido de carbono a la atmósfera del que puede ser absorbido por las plantas.

Si bien fueron vistos como una valiosa alternativa ante el peligro de la escasez de los derivados del petróleo, nuevos estudios revelan una gran cantidad de aspectos negativos en torno al creciente impulso de los biocombustibles.

Según una auditoria integral sobre el presupuesto destinado a este rubro en Estados Unidos, la expansión de cultivos para producir biocombustibles genera el envío de grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera, representando un nuevo factor para el cambio climático o el calentamiento global.

La caña de azucar insumo para el bioetanol – imagen obtenida de Wikipedia, autor: Mariordo.

Dos estudios separados, publicados en la revista Science, revelan que los cultivos que hoy se desarrollan para producir alternativas a los combustibles basados en el petróleo emiten mucho más dióxido de carbono a la atmósfera del que puede ser absorbido por las plantas. Incluso, se ha podidos descubrir que en el caso de algunos cultivos, se requerirían varios siglos para pagar la deuda de carbono que se genera. Costo ambiental que tampoco toma en cuenta la pérdida de biodiversidad causada al desmontar áreas de selva. Joe Fargione, de la organización The Nature Conservancy, advierte que la agricultura global ya produce alimentos para 6 mil millones de personas; producir biocombustible basado en plantas también implicará convertir más tierra a uso agrícola.

Los científicos llevaron a cabo un análisis que se había omitido ante la precipitación por cultivar biocombustibles, estimulada por las políticas de Estados Unidos y la Unión Europea, cuyos impulsores sólo exaltan las virtudes de los biocombustibles como alternativa a los combustibles fósiles para el transporte. Ambos estudios analizaron los niveles de dióxido de carbono liberados cuando una porción de tierra se convierte al cultivo de biocombustibles, y descubrieron, por ejemplo, que cuando las tierras de turba de Indonesia se convierten en plantaciones de palmera, para producir aceite de coco, se requieren 423 años para pagar la deuda de carbono.

Otro caso nocivo es cuando la selva amazónica se desmonta para convertirla en parcelas para soya. Se ha descubierto que se necesitarán 319 años de producción de biodiesel a partir de la soya para pagar la deuda de carbono causada por el derribamiento de los árboles. Tales conversiones de tierra para cultivar maíz y caña de azúcar para biodiesel, o aceite de coco y soya para bioetanol, emiten entre 17 y 420 veces más carbono que el que se ahorra al año por el reemplazo de combustibles fósiles.

Maíz como insumo del biodiesel – imagen obtenida de Wikipedia, autor: Gina Manfredi.

Agua y alimentos en peligro

La creciente producción de biocombustibles no sólo afecta seriamente a la atmósfera, recientes estudios revelan que su producción, en especial el cultivo de maíz con destino al bioetanol, podría causar daños a los sistemas de abastecimiento de agua cercanos ¿de qué manera? Con la creciente alza en los precios del petróleo y el afán por producir biocombustibles, también aumentó la demanda de maíz, en Estados Unidos la mayoría del biocombustible proviene de la fermentación del maíz, por lo tanto su producción está relacionada a la cantidad de maíz cultivado, pero el cultivo del maíz depende a su vez de gran cantidad de fertilizantes y pesticidas para mantener los sembrados sanos. La utilización de estos productos contamina las aguas con altos niveles de nitratos, por otro lado, el cultivo del maíz demanda demasiada agua, lo cual hace destinar gran parte de las reservas en agua para los regadíos.

Si al peligro que representa la contaminación del agua, agregamos que para producir de una tonelada de trigo, se requieren cincuenta toneladas de agua, nos encontramos no sólo ante un  grave impacto en el medio ambiente, pues a la larga se generarán hambrunas en todo el mundo, pues hay que tener en cuenta que la demanda de alimentos ha crecido enormemente en el mundo, particularmente en China y la India, y se prevé que para el año 2030, la demanda de energía habrá crecido en un 50 por ciento y la de alimentos en igual porcentaje.

Según el asesor científico del Gobierno británico John Beddington, para el año 2030 la población mundial habrá crecido de tal manera que será necesario incrementar en un 50% de la producción alimentaria y para el 2080 habrá incluso que doblarla, pero estas proporcionen encontrarán un serio escollo si la carrera hacia los biocombustibles significa que cada vez habrá más tierra arable entregada a la producción de los mismos, en lugar de alimentos. Para Beddington, el riesgo futuro de la de escasez de alimentos es tan grave que los políticos, los científicos y los agricultores tienen que ponerse ya a buscar soluciones.

Cada vez menos cultivos alimenticios – imagen obtenida de Wikipedia, fotografía tomada por
Gerard Hogervorst.

Las advertencias del científico británico coinciden con las pronunciadas en el Parlamento europeo por Josette Sheeran, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos, ella señala que la producción de biocombustibles ha apartado muchas tierras de la cadena alimentaria, lo que puede constituir una bonanza económica para los agricultores, pero al mismo tiempo perjudicará enormemente a los más pobres del mundo. Por lo pronto, el alza del precio de los alimentos no sólo se deja sentir en los países pobres, también llega a los ricos como el Reino Unido, donde los precios de la cesta de la compra han aumentado un 17%, incluso, se prevé que en dos años habrá nuevas subidas de productos básicos como el pan, debido al alza constante del precio del trigo.

Seguridad alimentaria de Latinoamérica en riesgo

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación también se ha pronunciado al respecto, señalando que la fabricación de combustible de origen vegetal puede cambiar la demanda, el comercio exterior, la asignación de insumos productivos y finalmente un aumento en los precios de los cultivos tradicionales. Según el representante legal de este organismo José Graziano, Latinoamérica tiene la capacidad para producir este tipo de combustible, pero pondría en riesgo que las poblaciones más pobres puedan obtener víveres, basta con ver cuanto nos queda por aprender sobre seguridad y calidad alimentaria.

Graziano advirtió que las investigaciones sobre el crecimiento tecnológico, en el sector de la energía no fósil, dificultan conocer con antelación sus impactos en la seguridad alimentaria y el medioambiente.

Mientras Estados Unidos es el principal impulsor de este proyecto, países como Venezuela y Cuba se oponen firmemente a que alimentos como el maíz, caña de azúcar, sorgo o la remolacha sean usados para alimentar motores en vez de personas.

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