Últimos desastres naturales

La primera década de este milenio no ha tenido un solo año en el que un desastre natural no azotara alguna región del planeta. En este artículo hacemos un repaso a los más importantes de los últimos diez años, ya que es importante que nos concienciemos de que estas cosas nos pueden pasar a todos. Nadie está a salvo cuando la naturaleza golpea.

Palacio Nacional de Haití después del terremoto del pasado enero

Palacio Nacional de Haití después del terremoto del pasado enero

Poco tiempo pasa sin que un lugar del planeta u otro acabe sufriendo una catástrofe natural. Además de todo lo que la mano humana es capaz de perpetrar con sus actos, que no es poco, la propia naturaleza se revela de vez en cuando para recordarnos que no somos sus dueños mostrando la fuerza de los desastres naturales en el mundo.

Ahora mismo, sin ir más lejos, tenemos dos desastres recientes. El primero y más sonado, el terremoto de Haití, que con la ayuda de sus sucesivas réplicas se llevó por delante a casi 200.000 personas, más otras tantas heridas. Ha sido un acontecimiento que ha conmocionado al planeta y del que ya hemos hablado aquí en anteriores ocasiones. No hace muchos años, menos de seis, otro terremoto acababa con la misma cantidad de personas: el tsunami asiático, provocado por un terremoto marino, devastó la costa de casi todos los países que bordean el Oceáno Índico, arrastrando todo lo que encontraba a su paso. Pero es que aún hace menos tiempo, el pasado septiembre, otro terremoto azotaba la isla de Sumatra, cerca de donde se calcula que se produció el epicentro del que provocó el tsunami de 2004. El sudeste asiático parece no tener escapatoria, pues no hace mucho los científicos hicieron una previsión: un terremoto de 8,5 grados en la Escala de Richter podría sacurdir esa zona en los próximos años.

Todo apunta, pues, a que estamos condenados a vivir este tipo desgracias. Pero todo apunta, además, que esta condena es exclusiva y siempre afecta a los mismos. De hecho, las zonas más pobres de Sudamérica son las que tienen que sufrir periódicamente los fenómenos del Niño y la Niña, de los cuales no tiene escapatoria y que ya en 1997 provocaron una sonada catástrofe. Actualmente, estamos en periodo de «entre niños», y aunque estos fenómenos se siguen produciendo, no lo hacen con demasiada intensidad. Aún así, parece ser que la fuerza de El Niño del 97 podría repetirse, pues se trata de algo cíclico.


De todos modos, todos estamos expuestos. Una ola de calor en Australia ha provocado hace poco una gran cantidad de incendios que ha dejado atrás miles y miles de hectarias quemadas, además de numerosas víctimas. Y hace cinco años el huracán Katrina provocó uno de los ciclones tropicales más mortíferos, destructivos y costosos de las últimas décadas que se cebó con la ciudad de Nueva Orleans.

Lo que ya hemos vivido y la posibilidad de que se repita asusta, y más cuando tenemos la casi certeza de que así será. Este pánico crece aún más con la fobia al cambio climático, cuyos efectos devastadores a nivel mundial se pregonan a los cuatro vientos, más por concienciar que por aterrorizar. Es cierto que hay que tomar medidas, que no podemos seguir abusando tanto de los recursos a nuestra disposición, pero también es cierto que hay cosas que son inevitables. Por eso es importante colaborar, ayudar y participar en la reconstrucción de los lugares afectados por esos fenómenos y a aquellos que los han sufrido. Porque mañana podríamos ser nosotros.

Foto: Haiti Earthquake por United Nations Development Programme 

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