¿Cómo invertir en bolsa?

Todos hemos oído hablar alguna vez acerca de la Bolsa de Valores. Por cine, o incluso las mismas cámaras de televisión nos ofrecen imágenes de hombres de camisa y corbata corriendo y gritando de un lado para otro frente a una gran pantalla con cifras de colores. La razón: el vil dinero. Millones de dólares pasando de mano en mano en un solo día. Suena interesante, pero arriesgado, ya que se necesita dinero y mucha visión respecto a los negocios. Aun así siempre queda una pregunta rondando ¿Qué pasos hay que seguir para invertir en la bolsa? Pues bien, a continuación explicaremos brevemente que se necesita para entrar en este mundo de la compra y venta de acciones.

Bolsa de valores

Foto: Publico.es

Primeramente la definición. La Bolsa de Valores es un mercado donde se negocian una serie de productos, en este caso acciones de empresas, entre compradores (inversores) y vendedores (las propias compañías cotizadas). Ahora bien, existen diferentes tipos de valores e instrumentos financieros que cotizan en Bolsa, pero las acciones son lo más común y su operativa es la más sencilla. Del mismo modo, existen varios mercados bursátiles en todo el mundo, pero la gran mayoría de pequeños inversores (especialmente los noveles) tienden a operar en la bolsa de sus países para empezar, que es donde mayor volumen de capital se negocia.

Evidentemente, antes de lanzarse al juego de la Bolsa hay que pensar en el tipo de inversión a realizar (corto, medio o largo plazo, arriesgada o conservadora) y saber que es posible terminar perdiendo todo el capital que invertimos. ¿Solo es necesario estar al tanto de las tendencias en el mercado e interpretar a la perfección los índices económicos? Pues no, el valor de la acciones de una empresa tiende a ser volátil, sube y baja su valor de acuerdo a la coyuntura o a la dinámica de otras empresas del rubro. Por lo que el factor suerte, también influye mucho en la ganancia o pérdida del que apuesta por entrar a este mercado.

El primer paso consiste en buscar un intermediario que ejecute las operaciones de compra y venta de acciones, ya que por nosotros mismos no podemos comunicarnos con el mercado o emitir algún tipo de orden. Estas entidades son los llamados brokers y que son quienes tendrán que ejecutar nuestras órdenes a cambio de una serie de comisiones.

Foto: Cursos de Bolsa

Los intermediarios financieros suelen ser: entidades de crédito, Sociedades de Valores y Bolsa y Agencias de Valores y Bolsas. Los primeros son los bancos y cajas de ahorros. Se trata de una opción que escogen muchos pequeños inversores que no quieren complicarse la vida buscando nuevos socios para sacar partido a su dinero. El principal inconveniente de estos intermediarios radica en que aquellas entidades que no son miembros de las bolsas no pueden operar y están obligadas a acudir a su vez a otro intermediario, por lo que las comisiones se disparan. Eso hace que muchos bancos y cajas dispongan de sus propios intermediarios autorizados para agilizar el proceso y reducir costes. En cualquier caso, se trata de una opción poco recomendable para los inversores más activos que vayan a estar constantemente emitiendo órdenes de compra y venta. Por el contrario, los que busquen la comodidad tengan previsión de invertir muy a largo plazo sin apenas realizar operaciones encontrarán en estas entidades de crédito una buena opción.

Pese a todo, ni bancos ni cajas de ahorro pueden considerarse los principales intermediarios financieros. Este papel se reserva a las Sociedades y Agencias de Valores y Bolsas. Las similitudes son mayores que las diferencias en este caso. De hecho, su mayor diferencia es que las primeras no sólo ejecutan en Bolsa las operaciones de sus clientes, sino también las suyas propias, es decir, intermedian en su propio beneficio en el mercado. Por su parte, las segundas sólo pueden llevar a cabo operaciones para sus clientes y su beneficio procede exclusivamente de las comisiones que cobran.

En cualquier caso, para el cliente final no existen casi diferencias en lo que a su operativa se refiere. Así, trabajará igual con cualquiera de las dos opciones (sociedades o agencias) e incluso con las entidades de crédito. Lo que sí puede cambiar son las comisiones que tendrá que pagar. En la mano de cada compañía se encuentra fijar una serie de porcentajes por la intermediación, que es lo que se cobra al cliente por cada una de las operaciones y a las que hay que añadir las de custodia (por administrar la cuenta de valores) y la de traspaso. También existen otros cánones a los que el inversor deberá hacer frente, pero que ya escapan al control del intermediario como son los cánones de bolsa, que dependen del valor efectivo de la operación.

Foto: DeReto.com

Antes de elegir el broker hay que estudiar detenidamente las comisiones y valorar el tipo de asesoramiento que pueda ofrecer, especialmente para los inversores noveles. Una vez nos hayamos escogido la entidad para la intermediación sólo resta abrir una cartera de valores. Es, por así decirlo, como una cuenta corriente que en lugar de dinero contiene acciones. Para su apertura tan sólo es necesario contar con una cuenta corriente a la que asociar esta cartera de valores y que es donde estará realmente el dinero invertido y donde se depositarán las ganancias. La cuenta de valores de por sí no ofrece ningún tipo de servicio de asesoramiento, sólo la posibilidad de operar en Bolsa a través del broker elegido. Sin embargo, para quienes necesiten consejo existe la posibilidad de permitir que sea el propio intermediario quien efectúe las operaciones que considere necesarias con una serie de instrucciones previas respecto al perfil del inversor y objetivos que pretende lograr.

A partir de ese momento la operación con la Bolsa es de lo más sencilla. El inversor contacta con el broker vía telefónica o por email para indicarle las operaciones que quiere realizar y cuando éste ha conseguido ejecutarlas se lo confirma por el medio anteriormente empleado. Evidentemente, se trata de una método destinado a los inversionistas que tienen claro qué acciones quieren comprar y vender.

Hoy en día gracias a los avances de las nuevas tecnologías y a la maravilla del Internet el broker pone a disposición del cliente una plataforma de trading virtual que le concede acceso al mercado para ejecutar sus propias operaciones. De esta forma, es el propio inversor quien marca cuando desea comprar o vender sus títulos y elimina al intermediario de la ecuación, aunque sólo desde un punto de vista operativo. ¿Sencillo? Por supuesto, pero no por eso deja de ser riesgoso, una alternativa para aquellos que desean arriesgarse a invertir.

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