2014, un mal año para invertir en divisas

El año que ahora termina ha sido uno de los más inestables del s. XXI en lo que al mercado de divisas se refiere.

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A una semana vista del fin de 2014, resulta inevitable echar un vistazo a los grandes acontecimientos económicos del año que ahora termina. Un ejercicio marcado por el debate entre la recuperación económica y las dudas pero también por otros muchos elementos de calado. El mercado de divisas por ejemplo ha sido uno de los que más titulares nos ha deparado, sobre todo en este frenético final de año. La acción (o inacción) de los bancos centrales y los conflictos diplomáticos, claves en su evolución. No obstante, factores como el riesgo país también han tenido una gran incidencia en las principales monedas internacionales.

De entrada, el año arrancaba con una crisis que se veía venir desde hacía tiempo. El mercado latinoamericano se inquietaba por la desaceleración de las principales economías del continente y el hundimiento del peso argentino le daba la puntilla. Argentina fue, en efecto, el principal foco de desestabilización regional e internacional durante aquellos meses, con una suspensión de pagos que ya planeaba sobre el horizonte y que se materializaría a la vuelta del verano. Las divisas suramericanas acusaron considerablemente el golpe, en especial el real brasileño, país que protagonizó un abrupto frenazo.

En cualquier caso, el principal foco de inestabilidad monetaria ha residido en las muchas veces contradictorias acciones de los bancos centrales. La Reserva Federal y el Banco Central Europeo han sido los actores principales de una función con una trama muy enrevesada. Por un lado, la Fed no ha tenido más remedio que aceptar la realidad y constatar que la evolución de la economía norteamericana no solo no exigía más estímulos sino que alertaba de que estos podrían ser contradictorios. Por ello, la nueva presidenta de la institución, Janet Yellen, se estrenaba con fuertes reducciones de las QE, que desaparecerían completamente en otoño.

Ante la reducción de los programas de compra de bonos y de deuda, los mercados más expuestos a las economías con mayores problemas acusaron el fin de la barra libre. El gran beneficiado en esta ocasión fue el dólar, que comenzó su particular rally alcista en clara desafinación con el resto del mundo. La economía estadounidense había purgado sus pecados y crecía a un ritmo no visto desde 2006, con el desempleo cayendo por debajo del 6% y con buenos datos de consumo interno y exportaciones. Las dudas sobre el resto de divisas llevaron también a muchos inversores a refugiarse en el dólar.

La otra cara de la moneda, y nunca mejor dicho, del alza del dólar la protagonizaba el euro. La divisa comunitaria arrancaba el año con una relativa fortaleza, avalada por varios trimestres de buenos datos macroeconómicos y grandes expectativas sobre el futuro inmediato. Rápidamente, los primeros obstáculos en la recuperación de la zona euro comenzaron a hacerse evidentes. Holanda arrancaba el año con una inesperada caída del PIB, Alemania y Francia amenazaban con estancarse e Italia seguía sin levantar cabeza. 2014 no sería el año del euro.

De poco sirvió que España destacara pronto como uno de los países con mayores ritmos de crecimiento económico y de creación de empleo, ya que el frenazo de la locomotora europea arrastraría inevitablemente a la moneda común. Con todo, no puede decirse que esta tendencia bajista, que se mantiene a día de hoy, se interprete necesariamente como una mala señal. La menor fortaleza del euro en su cruce con el dólar permite que las exportaciones a Estados Unidos sean más baratas para aquel mercado, aunque, eso sí, se encarecen las importaciones.

Por último, la recta final del año ha supuesto también uno de los periodos de mayor incertidumbre sobre una moneda nacional. El rublo ruso no pudo soportar el explosivo cóctel que suponen la recesión económica, el hundimiento de los precios del petróleo y la agresiva política exterior de Moscú, y ha protagonizado la caída más sonada de un divisa en 2014. El pasado 16 de diciembre se desplomaba un 24% en una sola sesión en comparación con el dólar. De nada servía que el Banco Central ruso disparara los tipos. La crisis rusa es ya una inquietante realidad.

En el resto del mundo se han vivido otros puntos de inflexión en lo que al mercado de divisas se refiere. Japón y su poco clara política económica, las Abenomics hacen aguas por todas partes, vio cómo el yen cedía mucho terreno tras expandirse en octubre una masa monetaria que ya era estratosférica. India, Turquía y Suráfrica también sufrieron momentos de incertidumbre en sus divisas.

Vía: Cinco Días

Foto: geralt

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