Un banco malo para España

Los bancos malos o fondos para la reestructuración de los activos financieros tienen una doble versión: Una primera que supone la compra por parte de una nueva entidad de los activos tóxicos del resto de bancos a precio de mercado para dar salida a la crisis y activar el crédito sin lazos que aten a la entidad al negocio de la construcción; y una segunda, que eterniza la salida a la crisis pues la compra de estos activos se realiza a un precio superior al del mercado.

En España el principal problema de los bancos ha sido su excesivo ímpetu a la hora de apostar por el sector inmobiliario. La gran cantidad de activos que se han quedado colgados debido al estallido de la burbuja ha sumido a la mayoría de las entidades en una situación más que problemática, tal y como veíamos en el caso Bankia. Ante este panorama surge la necesidad de crear un banco malo. Pero ¿qué es un “banco malo”? Muchos se hacen esta pregunta cuando se habla en los medios de comunicación que es la solución a la crisis financiera. No obstante, tenemos que ser precavidos pues existe dos vertientes diferentes del “banco malo”: una, la que acaba con los problemas; y otra, la eterniza la crisis financiera.

El banco malo, la solución a la crisis

El problema de fondo consiste en la incapacidad de los bancos por activar económicamente los recursos que gestiona debido a una insuficiencia de liquidez. Al haber invertido casi todos sus recursos en ladrillo, la caída del sector provocó un auténtico colapso en la economía. La solución del banco malo consistía en la creación de una entidad financiera que absorbiese los activos tóxicos derivados de la construcción con la finalidad de los bancos contaminados derivasen la venta de estos activos a sectores con un menor índice de riesgo. Los bancos malos, también conocidos como fondos para la reestructuración de los activos financieros, tienen una doble versión. Como ya decía antes, la compra de estos activos puede realizarse a precio de mercado, obligando a que los bancos amorticen la venta; o a un precio superior (inflado), con el único objetivo de poder seguir prestando dinero. Mientras que la primera versión supone una auténtica limpieza de la toxicidad del sistema bancario, en la segunda, el problema persiste.

Por este motivo, el anuncio por parte del ministro de Economía, Luis de Guindos, de crear un banco malo ha levantado muchas expectativas. Las declaraciones realizadas ayer en el Congreso de los Diputados son bastante esperanzadoras: “Es una de las posibles alternativas, aunque puede que no sea la única. Tiene dos ventajas. La primera es que deja absolutamente diáfano, claro, el balance de los bancos que ya han separado los activos, y la segunda es que permite a los bancos centrarse en su actividad fundamental, que es conseguir depósitos y dar crédito, y no dedicarse a la gestión inmobiliaria. Por tanto, es una alternativa interesante, a analizar, que habrá que concretar, pero por el momento no hay nada definitivo”. Lo único que falta por saber es si la compra de activos tóxicos se hará a precio de mercado o a un coste superior.

Foto: revellin

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