Portugal ultima la venta de Novo Banco con un difícil horizonte judicial

El Banco Espirito Santo mantiene numerosos frentes abiertos incluso después de su desaparición, con miles de clientes afectados que presionan a la entidad que lo sustituyó.

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Hace un año, la tranquilidad estival se veía truncada por la noticia del posible colapso de la mayor entidad financiera de Portugal. El Grupo Espirito Santo y su buque insignia, el Banco Espirito Santo, se veían envueltos por una catarata de acusaciones sobre su solvencia, sus inversiones fallidas y su deuda acumulada. En cuestión de semanas, el banco tendría que ser rescatado por el Banco de Portugal (BdP), que crearía una nueva entidad, Banco Novo, con todo aquello salvable que había en el extinto BES.

Ahora, el Gobierno luso parece decidido a completar cuando antes la venta de esta entidad de emergencia. El BdP tiene tres ofertas bastante interesantes sobre la mesa, la del banco norteamericano Apollo y las de las entidades chinas Anbang y Fosun. No ha trascendido por el momento la horquilla de precios en que se movería la operación, pero se espera que sea una cantidad digna aunque no excesivamente elevada. Ello se debe a la compleja situación judicial que podrían los nuevos propietarios, algo que también ha retrasado la venta.

De manera tristemente similar a lo ocurrido en España con las participaciones preferentes de algunas entidades financieras, existen miles de portugueses afectados por la compra de productos opacos. El BES los comercializó para tratar de paliar sus propios problemas y tras la intervención pública los afectados han quedado en tierra de nadie. Se trataría de unos 520 millones de euros procedentes, en su mayoría, de clientes con un perfil conservador que buscaban productos de ahorro. Gran parte de ellos son emigrantes portugueses en el extranjero.

La resolución del conflicto no se atisba sencilla puesto que los actuales responsables de Novo Banco consideran que todos esos problemas pertenecen al ámbito del extinto BES o, en su defecto, al Grupo Espirito Santo. Esta era, precisamente, la postura del Ejecutivo luso hasta hace pocas semanas, asegurando que era el antiguo grupo propietario el responsable de hacer frente a indemnizaciones y demandas. La creciente presión de los afectados ha modificado estos parámetros y no está nada claro cómo afectará a la venta.

Vía: Expansión.

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