Portugal actúa con sensatez en la crisis del Banco Espirito Santo

El Banco de Portugal busca inversores privados para reemplazar al holding de la familia Espirito Santo tras su solicitud del concurso de acreedores.

espirito-santoLa revelación de los graves problemas de liquidez que acumulaban las numerosas filiales del Grupo Espirito Santo (GES) han puesto contra las cuerdas a la entidad más importante del país vecino. Lo inquietante de la situación, así como las más que posibles repercusiones en el conjunto de la maltrecha economía lusa, obligan al Gobierno de Passos Coelho a no dar ni un solo paso en falso. Hasta el momento, el Ejecutivo portugués y el Banco de Portugal parecen haber acertado con su postura.

Ante el riesgo de que las alarmas se enciendan por completo y de que Portugal viva de nuevo un rally bursátil a la baja, el Gobierno no se ha dejado llevar por el pánico y busca arbitrar la solución a la crisis de la manera menos traumática posible. En este sentido, tras la solicitud del concurso de acreedores por parte del mayor accionista del banco (el holding dirigido por la propia familia Espirito Santo) se ha comenzado a buscar inversores privados, en su mayoría grandes entidades del resto del continente, incluyendo algunas españolas.

El Banco de Portugal demuestra haber aprendido de los errores del pasado y no está dispuesto, al menos en estos momentos del proceso, a cargar sobre las espaldas de los contribuyentes el peso de un rescate bancario. La decisión de agotar todas las vías para conseguir que nuevos accionistas entren en el Banco Espirito Santo (BES) es la mejor forma de mantener la autonomía de la entidad y, más importante todavía, dejar intactas las arcas públicas. Portugal está jugando sus cartas con mucha inteligencia a pesar de que todavía le queden 10.000 millones de euros del último tramo de su rescate.

La única exigencia que plantea el Banco de Portugal es la no entrada de fondos con carácter especulativo en el accionariado del banco. Todas las partes implicadas se muestran asimismo convencidas de la viabilidad del BES, pues la mayor parte de los desajustes que ahora le amenazan no han sido generados por él sino por otros negocios del grupo familiar. El culebrón financiero del verano está servido.

Vía: elEconomista.

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