Los grandes desafíos del nuevo presidente del Banco Popular

Emilio Saracho ha tomado las riendas de un banco con el 22,5% de su balance comprometido en activos tóxicos y que en 2016 perdió casi 3.500 millones de euros.

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El 1 de diciembre de 2016, los rumores que venían apuntando a un posible giro copernicano en la gestión del Banco Popular se vieron confirmados con el anuncio del relevo en la presidencia de la entidad. Eso sí, el cambio de caras debería esperar hasta el 20 de febrero, un margen notablemente generoso para que el presidente saliente, Ángel Ron, finiquitara los asuntos pendientes. Ante la reciente llegada de Emilio Saracho a la presidencia, resulta inevitable pensar en si este ex alto cargo de Goldman Sachs y J.P. Morgan conseguirá levantar el banco. Veamos a qué se enfrenta.

Un balance marcado por los activos tóxicos

El Banco Popular no se ‘limpió’ cuando buena parte del sector lo hizo entre 2012 y 2013 y mantuvo de manera claramente contraproducente numerosos activos inmobiliarios en su balance. Estos activos tóxicos se cifran actualmente en 35.675 millones de euros, ni más ni menos que el 22,5% del balance total del quinto banco español. Centrando algo más nuestra lupa sobre este aspecto, los activos improductivos de la entidad suponen el 34% de su negocio crediticio. Salta a la vista que ningún banco puede sobrevivir indefinidamente con un tercio de su cartera de préstamos aparentemente perdida.

Un plan estratégico superado por las circunstancias

Ángel Ron siempre presumió de que bajo su presidencia, el Banco Popular había logrado afianzarse en cotas bastante altas de solvencia. Ciertamente, en 2016 la entidad presentaba un ratio de capital del 8,17%, ligeramente por encima del nivel exigido por las normativas vigentes (7,875%). Sin embargo, el plan estratégico del banco asegura que se alcanzaría una ratio del 12% el próximo año. Ni que decir tiene que esta cifra ha quedado totalmente descartada y Saracho deberá ofrecer una más acorde con la realidad de la entidad.

Las sorpresas no cesan

A mediados de 2016 era ya más que evidente que el Popular se enfrentaba a una situación muy poco prometedora. Aun así, las sorpresas no han dejado de producirse desde entonces, con la aparición a finales de año de 3.000 millones de euros en activos tóxicos que no se habían contabilizado anteriormente. Este ‘descubrimiento’ ha supuesto que las expectativas de beneficios de la entidad en 2017 se recorten un 41% en comparación con lo previsto el año pasado. La agencia FactSet cifra los posibles beneficios este año en 377 millones de euros.

Una ampliación de capital insuficiente

La gran apuesta de Ron para salvar los muebles, que no la única, fue la ampliación de capital anunciada en mayo del año pasado. Se captaron 2.500 millones de euros para, supuestamente, ganar en solvencia, pero cual fue la sorpresa cuando al presentar los resultados de 2016 las pérdidas alcanzaron los 3.485 millones de euros. La herida no se ha taponado y ello, unido a la mayor carga de activos tóxicos, convierte a aquella captación de nuevo capital en insuficiente.

Algunos analistas consideran que el Popular está abocado a convocar otra ampliación de capital de manera inminente. Concretamente, se precisarían entre 2.500 y 4.000 millones de euros para sanear el banco. Esta sugerencia plantea un interrogante muy claro, ¿puede Saracho contar con que recaudaría una cantidad tan elevada en una segunda ampliación? Cuesta creer que si el año pasado se movilizaron 2.500 millones de euros cuando el drama no parecía tan grave ahora se vaya a poder repetir o superar aquella capacidad de recolección.

Sunrise, un proyecto descartado

Cuando se conoció la identidad del nuevo presidente, este empezó a preparar su aterrizaje con el anterior equipo directivo. Ron le presentó su idea de crear una suerte de ‘banco malo’ expresamente para el Popular al que se bautizó -no es broma- con el nombre de Sunrise. Esta nueva firma iba a nacer con 6.000 millones de euros en activos tóxicos, reduciendo así el monto total que permanecería en el Popular. La gélida reacción de los inversores y la negativa de instituciones como la CNMV y el BCE tumbaron el proyecto.

¿Cuáles son las alternativas que maneja Saracho?

Recopilados los principales problemas a que se enfrenta el nuevo presidente, ¿qué puede hacer para superarlos? Tal y como el propio Saracho reconoció en una entrevista, solo se puede hacer ‘A, B o C’. Algunos analistas consideran que estas soluciones serían la ampliación de capital, la fusión con otro banco o la venta por partes del Popular.

Vía: elEconomista.

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