La lenta agonía de la CAM

La CAM acumula una lenta agonía en caída libre.

La Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) encarna como ninguna otra entidad el lento declive de la crisis del ladrillo en España. La caja arrastra una tasa de morosidad próxima al 9 por ciento, la más alta de la banca española, y acarrea un grave problema de solvencia que llevará a su nacionalización parcial. El mismo sector inmobiliario que le permitió multiplicar su beneficio en épocas de bonanza está siendo el lastre que ha dinamitado su  ‘core capital’ y la ha sumido en un pozo sin fondo del que es imposible salir.

La historia de la CAM es la típica  de ambición desmesurada siguiendo una receta a base de ladrillo. La entidad alicantina multiplicaba su beneficio, con un crecimiento anual superior al 30 por ciento, que permitieron crecer exponencialmente, pasando de obtener 100,6 millones de euros en el año 2002 a más de 334 millones en 2006.

El ladrillo, principal causa de la debacle de la CAM

El sector inmobiliario en España tenía en Alicante uno de sus principales activos. Según el Colegio Profesional de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de la provincia (COAATA), entre los años 2000 y 2007 el número total de viviendas nuevas censadas era de 368.523, mientras que el mismo dato para el período comprendido entre 2008 y 2009 la cantidad era de 10.588, una cifra muy inferior a los 40.000 registrados anualmente.

La caída del sector inmobiliario no sólo dinamitó las perspectivas de crecimiento de la entidad alicantina, sino que además segó su solvencia. El beneficio neto individual de la entidad se limitó, sin contar las pérdidas de las sociedades participadas,  a los 224 millones el año pasado,  muy por debajo de las prometedoras cifras de hace dos años. Poco a poco los activos embargados fueron convirtiéndose en un verdadero lastre, alcanzando cifras estratosféricas, como 1.552 millones a finales del año pasado. Un dato al que habría que añadir los activos de dudoso cobro, cuya cuantía asciende a 4.654 millones. No en vano, la CAM  era el principal acreedor de muchas de las empresas constructoras declaradas insolventes en 2007, entre los que destacan Martinsa-Fadesa, Sacresa, o Llanera, la primera inmobiliaria en cerrar sus puertas.

A la entidad sólo le quedaba la venta de activos como medida para intentar salvar los platos en los últimos minutos de juego y no quedar al margen del proceso de capitalización de bancos y cajas dictado por el gobierno. Y así fue, la entidad no escatimó esfuerzos en colocar sus excedentes de ladrillo, para lo que tuvo que ofrecer descuentos imposibles. Sin embargo, el saneamiento de sus cuentas era insuficiente, y se vio obligada a solicitar al FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) 2.800 millones de euros, abriendo la puerta hacia la nacionalización parcial de la entidad.

Ahora la CAM lucha por sobrevivir en medio de la tormenta financiera y acosada por los resultados de los tests de estrés, que han situado a la entidad como la segunda peor de Europa, sólo superada por el banco griego ATE Bank. Las acciones cayeron un 7 por ciento en un día, un paso más en la larga y lenta agonía de la caja alicantina.

Foto:  Xauxa, en Wikimedia Commons

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