¿Es el Deutsche Bank el Lehman Brothers europeo?

La crisis del Deutsche Bank llega en un momento de fuerte tensión por los numerosos frentes abiertos pero la comparación no es del todo correcta.

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En septiembre de 2008, el gigante de la banca de inversión Lehman Brothers protagonizaba una de las mayores declaraciones de bancarrota de la historia. De este modo, se ponía fin a un largo periodo de dudas sobre la solvencia de la entidad y se confirmaban los peores temores: nadie es demasiado grande para caer. Lo que vino a continuación es de sobra conocido. El mundo desarrollado se vio envuelto en la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión y la zona euro sufrió además una crisis adicional a cuenta de la deuda soberana periférica.

Por todo ello, resulta inevitable que cuando se aprecian problemas o síntomas de debilidad en los grandes bancos se multipliquen las alarmas sobre un nuevo ‘caso Lehman’. En estos momentos, todos los focos se dirigen al Deutsche Bank, el mayor banco de Alemania y uno de los más grandes de Europa. Y es que, al igual que ocurriera con Lehman, la entidad financiera germana lleva un tiempo dando muestras de debilidad y ya en 2015 se vio obligada a acometer importantes reformas internas. Exageradas o no, cada vez son más las opiniones de que este banco no podrá responder a parte de sus obligaciones de pago.

¿Cuál es la situación del Deutsche Bank?

No obstante, ¿qué es exactamente lo que sucede en el Deutsche Bank? El pasado ejercicio, sus pérdidas alcanzaron los 6.794 millones de euros en un año en el que, además de sus problemas comerciales, tuvo que hacer frente a distintas sanciones. Paralelamente, el banco no supo retirarse a tiempo de sus importantes inversiones en sectores que hoy son sinónimo de desplome como el petróleo y las materias primas en general. Tampoco hay que olvidar que la presencia de otros activos tóxicos no purgados como hipotecas y créditos de dudoso cobro es todavía importante.

A finales de 2015, el banco aprobó una severa reducción de su plantilla (cifrada en torno a 35.000 empleados en los próximos años) y anunció su retirada de distintos mercados no estratégicos. En un sentido más amplio, hay quien ve en la crisis del Deutsche Bank la evidencia de que el sistema bancario alemán también tiene pendiente un saneamiento a gran escala como, por ejemplo, el que efectuaron en distintos momentos y por distintas vías España, Países Bajos, Irlanda o Austria. Algunas cajas de ahorros ultiman sus fusiones en Alemania.

¿Qué responden el banco y los inversores?

Desde la cúpula de la entidad no se admiten fisuras: el banco es solvente y no hay motivos para poner esto en duda. Aceptan que las sanciones y las inversiones equivocadas han pesado y pesan en el balance del banco pero se dispone de recursos para afrontar la situación. El año pasado se provisionaron 1.200 millones de euros más para hacer frente a litigios y la cantidad total en este apartado ronda los 5.500 millones.

Los inversores, sin embargo, no tienen nada claro que la situación del banco pueda mejorar a corto o medio plazo. Aunque es cierto que en esta tendencia han pesado factores exógenos como la crisis bursátil china o la de la banca italiana, no puede relativizarse el hecho de que las acciones del Deutsche Bank llegaron a marcar mínimos históricos. Entre las sesiones del 8 y el 9 de febrero, los títulos cayeron un 13,7% hasta tocar los 13,2 euros por acción. Un mes antes superaba los 20 euros.

¿Es justa la comparación?

Realmente, no. Si bien son importantes las dudas que planean sobre el banco, también lo son las posibles medidas que podrían adoptarse en caso de extrema necesidad. En primer lugar, la crisis del Deutsche Bank no llega por sorpresa ni en plena burbuja a escala continental. El BCE hace tiempo que pasó a la acción y no vacilará a la hora de aumentar sus estímulos o sus compras de bonos. La crisis de la banca española de 2012 ha preparado a Europa para estos lances.

Segundo, el Gobierno alemán tiene un gran margen para actuar porque su sistema financiero apenas ha sido intervenido con dinero público. Si a ello le añadimos la buena situación económica del país en general, no cabe trazar grandes paralelismos con la caída de Lehman y el estallido de la crisis ‘sub-prime’ norteamericana. Y sobre el posible impago de los intereses de parte de su deuda, conviene recordar que el banco no tiene la obligación de abonarlos.

Vía: El Confidencial.

Foto: Deutsche vía Shutterstock

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