El Banco Espirito Santo amenaza la tranquilidad bursátil estival

Los problemas del principal grupo bancario portugués reducen a la mitad su capitalización bursátil y salpican de lleno a los mercados españoles.

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Los problemas de la banca rara vez afectan exclusivamente a sus causantes. Como si de un efecto dominó se tratara, basta con que una entidad empiece a generar dudas para que otros tantos sectores se vean salpicados. Esta circunstancia ha vuelto a darse en los últimos días a cuenta de la delicada situación del gigante portugués Banco Espirito Santo. El pasado jueves sin ir más lejos las bolsas lusa y española se anotaron considerables descensos mitigados parcialmente en la sesión del viernes.

La caída del Banco Espirito Santo tiene mucho que ver con los profundos desacuerdos en lo concerniente a la dirección del principal grupo financiero portugués. Controlado desde su nacimiento por la misma familia (una de las más adineradas del país), las últimas actuaciones de la entidad han dividido profundamente a los propietarios, al consejo de administración y a los accionistas. La escasa transparencia del Grupo Espirito Santo y la necesidad de acometer una reestructuración interna que se vislumbra especialmente dura han puesto la puntilla a una situación que lleva deteriorándose desde hace semanas.

La jornada bursátil del jueves 10 de junio se saldó con una caída del PSI luso de más del 4%. España, cuyos bancos poseen una parte importante del mercado portugués (alguna leyenda urbana afirma incluso que en Lisboa hay más sucursales de bancos españoles que portugueses), no pudo esquivar el contagio y se dejó un 1,98% en una semana que estaba siendo especialmente negativa. En cualquier caso, la jornada del día siguiente sirvió para reparar pérdidas en el Ibex-35, que al cierre de esta edición subía un 1,03%.

Los temores a que la crisis del Banco Espirito Santo enturbie un verano que se preveía como mínimo tan plácido como el anterior siguen muy vivos. La agencia de calificación Moody’s ha evaluado el nuevo nivel de riesgo del banco luso y ha hundido todavía más la calidad de su deuda, que ahonda así en la categoría de ‘bono basura’. Los próximos tests de estrés a la banca europea pueden acabar de hundir a la entidad.

Vía: El Mundo.

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