¿Siete u ocho?

Considero en general bastante inútiles todos los antecesores de Windows 7, incluido el XP al que sólo le costó dos service packs llegar a ser algo mínimamente decente. Pero sin duda una auténtica maravilla comparado con el aborto en forma de Windows Vista que le sucedería. En fin, qué le vamos a hacer, gajes del oficio que acabarían por fin solucionados gracias al señor sistema que es Seven. Aun así, la conmoción ocasionada por el bluff de Vista hizo ganar enteros a su inmediato predecesor -que hasta que se pudo domesticar también se cobró su vara-  y a su vez, sirvió para disuadir a muchas empresas de actualizar sus sistemas tiempo después, con el lanzamiento de Windows 7. Hombre precavido vale por dos, ya se sabe. Por si las moscas.

Windows 8

Nueva interfaz Metro de Windows 8, diseñada especialmente para una mejor adaptación a las tabletas y dispositivos táctiles.

El resultado es que aún hoy en día y diez años después de su lanzamiento, ahí es nada, Windows XP sigue siendo la principal plataforma de trabajo de muchas empresas, algunas de ellas escarmentadas de su experiencia con Vista. ¿Pero hasta cuando podrán seguir resistiéndose al cambio? Al parecer el año que viene puede ser la fecha clave para que muchas de las rezagadas en cuanto temas de actualización de software previsiblemente tomen la decisión de sustituir el viejo XP, cuyo soporte oficial expirará definitivamente en 2014. ¿El motivo? El más que probable lanzamiento del nuevo Windows 8 durante el verano del año que viene, que podría ser la excusa perfecta para optar por la renovación. En vista de experiencias pasadas (nunca mejor dicho), ¿por quién apostar esta vez?

No es una decisión fácil. A un lado de la balanza está el reconocidísimo Windows 7, el primer sistema de Microsoft que funciona como debe desde el primer día, y también uno de los pocos que a penas si ha contado con crítica negativa. Su currículum le precede. Es un sistema estable, seguro, con un tiempo considerable de rodaje en el mercado, con su primer service pack ya lanzado y una amplia base de datos sobre problemas y demás. Pero por otra parte, ya lleva tiempo en la calle, con lo que son años de soporte que perderían las empresas que apostaran por él, a no ser que optaran por las licencias OEM.

El nuevo Windows 8 en cambio, es aún territorio por explorar, y eso siempre conlleva ventajas, pero también puede acarrear muchos inconvenientes. Teóricamente cuenta con la ventaja de estar diseñado para poder utilizarse desde terminales táctiles con comodidad y en principio juega a su favor el hecho de que por debajo de dicha interfaz corra una versión más o menos mejorada de Windows 7, aunque eso evidentemente, todavía está por ver. En principio este hecho garantizaría la compatibilidad del software y la misma usabilidad, cosa que de entrada daría cierta confianza y seguridad a las empresas que apostaran por él. Pero como ya se ha visto en tantas ocasiones, estamos hablando sobre el papel; un sistema nuevo siempre puede originar nuevos errores.

En cualquier caso aún queda bastante tiempo para acabar de exprimir todo el jugo que le pueda quedar al viejo XP para por fin tomar la decisión que muy probablemente determinará el sistema que utilizará la empresa durante el próximo lustro. Por supuesto, antes de llegar a eso, habrá que ver qué nos depara Microsoft en su próximo y esperado sistema operativo.

Vía| Tecnología Pyme

Imagen| Baptiste Lafontaine

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