Los retos de la edición digital

Queremos poner la atención en esta ocasión en una realidad que afecta principalmente a las empresas relacionadas con el mundo de la edición, pero que puede influir en cualquier compañía que genere gran volumen de contenidos. Y es que la edición digital ya es un presente. En muy pocos años hemos pasado de un escepticismo general en una aceptación total en cuanto a su éxito, aunque esta aceptación es vista a regañadientes por parte de algunas personas.

Las empresas cada vez apuestan más por las ediciones digitales

Las nuevas tecnologías están cambiando el paradigma tradicional del mundo de la edición y están creando nuevos escenarios. En primer lugar, constatamos que las nuevas tecnologías disruptivas están haciendo «hueco» aprovechándose de algunas de las limitaciones del papel: limitación en la distribución de las publicaciones, stocks de libros y de revistas en los almacenes no vendibles que acaban siendo destruidos y desperdiciando la inversión económica, reactualitzaciones y recorrecciones imposibles, escasa interactividad, etc.

En la lectura fuera de línea la publicación digital se instala (ya sea a través de un ordenador, Internet o telefonía) en el dispositivo de quien lee. Es decir, quien lee la publicación es ‘propietario’ de un bien que lo tiene en su dispositivo de lectura, para disfrutar no es necesario disponer de conexión a internet. A fin de evitar la copia de los documentos, las compañías editoras generalmente protegen los archivos con DRM. Este sistema de protección impone serias restricciones a la lectura, las cuales van más allá del estricto evitación del pirateo: limitación del número de aparatos y del número de veces que se puede instalar un documento, imposición de haberse registrarse en una cuenta, lo que puede ser más o menos tediosa según la distribuidora (elemento tremendamente importante a la hora de comprar y que, desgraciadamente pocas compañías saben gestionar correctamente), etc.

Además de la problemática de la proliferación de diferentes formatos de los ficheros y del cada vez menos estándar epub, nos encontramos que todo confluye en los programas de lectura, que deben saber gestionar estas opciones y, al mismo tiempo, ofrecer prestaciones lectoras gratificantes. Las grandes compañías crean programas de lectura que se instalan en diferentes dispositivos móviles a fin de que quien lee pueda disponer de la lectura del fichero en diferentes entornos y, también, disponer de varias prestaciones , como la lectura social y, sobre todo, facilitar la compra de libros en su tienda. Otras compañías (y es una tendencia creciente) van más allá y tratan de vincular al máximo la lectura con un dispositivo que ellas mismas distribuyen (Apple es un ejemplo paradigmático). Es lo que se llama ecosistema cerrado: incluye el aparato, el software de lectura y la distribuidora.

Desarrollar un sistema de esta naturaleza no está al alcance de las pequeñas compañías: la inversión que se necesita para disponer de un sistema de lectura controlando el DRM, que funcione en diferentes dispositivos y de diferentes sistemas operativos…, es caro.

Foto: Andrew Mason

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