¿Cómo sé quién soy en la Red?

“Gracias a las redes sociales puedo estar en contacto con casi cualquier persona del planeta”. Una de las razones que se esgrimen para entrar en las redes sociales es la Teoría de los seis grados de separación, de Duncan J. Watts, por la que cualquier individuo puede estar conectado con cualquier otro en el mundo a través de cinco intermediarios (amigos de amigos), con un total de seis conexiones o enlaces. Su simplificación ha llevado a afirmaciones del tipo: Microsoft ha confirmado que sólo seis nodos nos separan del Papa o la reina de Inglaterra. Según esto, si queremos llegar a la Reina de Inglaterra entonces sólo nos hace falta entrar en cualquier red, hacernos con muchos amigos y en un visto y no visto su alteza escuchará nuestro mensaje.

Nuestra identidad en Internet depende de varios factores y es determinante para las empresas

Parece ser que esta reflexión la han seguido aquellos individuos y empresas que quieren conectar con su audiencia de forma prácticamente inmediata, pensando que su mera presencia será garantía de ser escuchados. Nada más lejos de la realidad. Quién soy en la red viene determinado según Nicholas A. Christiakis y James H. Fowler en su libro ‘En línea’ por:

  • La conexión, el número de relaciones, con cuantos individuos me relaciono y el número de relaciones de cada uno de ellos. No es lo mismo relacionarse con 5 personas que tienen 5 amigos cada (31 personas en total), que relacionarse con 5 personas que tienen 2 amigos cada (16 personas en total). Sin embargo, si estas 5 relaciones comparten los mismos conocidos directos, el número de nodos de esta red será mucho menor que el de otra con conexiones muy diversas. Todo esto hace que nuestra posición en la red sea relativa, como más conexiones tenga nuestra red más al centro estaremos, de lo contrario nos acercaremos a la periferia.
  • El contagio, lo que fluye en la red social. Esto determina tanto la influencia que tengo en mi red como el poder de influencia de mis relaciones hacia mí. Influencia sería la probabilidad asociada a un nodo de transmitir o impedir la transmisión de nuevas ideas o pautas de comportamiento en la red. El contagio deja de tener efecto a partir del tercer grado de separación.

No sólo importa la forma de la red sino los contenidos que se transmiten a través de ella. Muchas veces los que más sustentan nuestra red no son nuestras relaciones más fuertes como familia o amigos, sino conexiones débiles con los que compartimos intereses.

Surgen herramientas empresariales para ponderar la relación entre conexión y contagio, medir este grado de reputación e influencia y establecer rankings, pero también cabe recordar que los factores que componen el producto final identitario son secretos y generan desajustes importantes. De hecho, el cambio del algoritmo en la herramienta más conocida, Klout, ha hecho que varíe ostensiblemente la puntuación de multitud de usuarios en un mismo día y vuelva el debate sobre su grado de fiabilidad.

Foto: hanspoldoja

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