Terremoto en el mercado energético: Arabia Saudí quiere acabar con el fracking

El órdago de los productores árabes sigue sin afectar seriamente a Estados Unidos pero amenaza con llevar a la recesión a otros productores como Rusia.

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La ‘Guerra del petróleo‘ sigue sumando titulares casi con la misma velocidad con la que el caen los precios de los barriles. Las declaraciones de los responsables de la OPEP y de entidades como Citi o Bloomberg avanzan que la actual crisis del sector se va a prolongar, como mínimo, hasta bien entrado 2015. Dicho de otro modo, el precio del barril todavía no ha tocado fondo y, muy probablemente, no lo hará a corto plazo. Detrás de esta caída en picado se cuecen numerosos intereses nacionales, dejando un mapa con claros vencedores y más evidentes todavía perdedores.

Aunque no era difícil llegar a esa conclusión, la inacción de la mayoría de productores árabes de petróleo (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait) obedece a una calculada estrategia de presión contra los Estados Unidos. Estos países quieren acabar con la elevada rentabilidad del fracking, un sistema de extracción de petróleo que ha convertido a Norteamérica en un país autosuficiente y con claros intereses exportadores. Conscientes de la enorme veta de negocio que puede tener EEUU, los principales productores entienden que una caída prolongada de los precios no puede sino perjudicar en primer lugar a los productores estadounidenses.

Los países árabes anteriormente señalados cuentan todavía con cierto margen de rentabilidad para seguir extrayendo petróleo. Los costes de producción son considerablemente bajos y todavía no hay ningún otro país al margen de ellos que pueda superarles en competitividad. Por ello, la sección árabe de la OPEP no tiene ninguna prisa en plantear una rebaja de las cuotas, lo que provocará que las reservas de crudo sigan aumentando y los precios no dejen de disminuir. Existe un consenso bastante claro entre estos productores para utilizar esta contracción del mercado como arma para inutilizar el fracking. Un órdago en toda regla.

Arabia Saudí es el gran defensor de esta postura y las autoridades locales se muestran convencidas que Estados Unidos acabará por reducir sus niveles de producción. El gran fallo de la estrategia árabe es que esta no contempla la posibilidad de que Norteamérica reduzca los costes de extracción, algo que, a juicio de algunos analistas, ya está ocurriendo. En consecuencia, EEUU puede resistir mejor de lo que los dirigentes saudíes esperaban en un primer momento. Paralelamente, para cuando la OPEP acepte recortar la producción será muy difícil devolver los precios a los niveles previos a la crisis.

Desde Lux Research, el analista Daniel Choi añade que la importante inversión de las empresas tecnológicas estadounidenses en el sector de la producción de petróleo tendrá como resultado el desarrollo de técnicas de extracción más eficientes y baratas. La conclusión es obvia, si Arabia Saudí se empeña en seguir bajando los precios quizá sus socios árabes (especialmente, Kuwait) se resientan antes que los Estados Unidos. La posibilidad de que el mayor productor del mundo siga detentando una posición hegemónica en el futuro se complica por momentos.

Las repercusiones de este pulso ya se están notando, y de qué manera, en algunos países productores. Así como para Arabia Saudí sería rentable seguir extrayendo petróleo con el precio del barril en torno a 15 dólares, en otros países ya se ha perdido el umbral de la rentabilidad. El caso más llamativo es el de Rusia, que en un par de meses ha pasado de amenazar con detener el suministro de gas a Europa a poder comercializarlo incluso a menores precios que el año pasado. Pero hay más.

Con el rublo en caída libre y las reservas de divisas del Banco de Rusia agotándose a pasos agigantados, todo apunta a que la economía rusa podría entrar en las próximas fechas en una recesión relativamente intensa. Los planes de Putin para presionar a los países europeos por su postura en el conflicto de Ucrania se han visto por tanto claramente superados por la realidad. Hay que destacar que por cada nueva caída de diez dólares en el precio del barril de crudo, Rusia sufrirá un deterioro del 0,6% de su PIB.

En el resto de Europa se da la circunstancia de que la caída de los precios del petróleo beneficia a muchos países, entre los cuales sobresalen España, Portugal o Italia. El hundimiento de los precios permite que estas economías tan dependientes de las importaciones energéticas reduzcan considerablemente sus déficits por cuenta corriente. Al cierre de esta edición, el barril de Brent cotizaba a 70,28 euros, dejando la caída anual en más del 30%.

Vía: elEconomista

Foto: ResoneTIC

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