Ley SOPA: la Inquisición del siglo XXI

Mañana se debate en el Congreso norteamericano la aprobación de una ley que podría suponer el fin de Internet tal y como lo conocemos. Tanto es así que hasta las principales empresas de la red se han posicionado en contra, junto a usuarios, grupos civiles y profesores de Derecho, quienes han remitido cartas advirtiendo de los peligros de la ley. El engendro jurídico en cuestión se llama SOPA pero no está hecha de caldo, sino seguramente de mucha mala leche envasada en las industria cinematográfica de Hollywood y los distintos grupos de presión alineados por la causa de la defensa de los derechos de autor a cualquier precio.

SOPA es el acrónimo de Stopping Online Piracy Act (Ley para detener la piratería en la red) y propone el bloqueo de aquellos sitios web, tanto de dentro como de fuera de los Estados Unidos, que difundieran contenido con derechos de autor sin permiso, o bien que teniendo una alta probabilidad de alojar este tipo de contenidos, no tomaran las medidas suficientes para evitarlo. Así pues, una mera sospecha serviría para bloquear mediante filtrado DNS -un sistema empleado por las principales dictaduras del mundo para ejercer la censura en la red- cualquier página, por importante que fuera, sin mediar sentencia judicial. Esto haría posible, por ejemplo, que cerraran todos los blogs alojados en WordPress sólo porque uno de ellos incumpliera la ley de propiedad intelectual. Por decirlo claramente, estamos ante la ley Corcuera aplicada sistemáticamente al ciberespacio.

La ley además contempla la asfixia financiera de cualquier página meramente sospechosa. Ante un caso de denuncia se notificaría a las empresas anunciantes y proveedoras de servicios de los sitios web afectados que disponen de un plazo de cinco días para romper todo tipo de vinculación comercial con la empresa denunciada, haciendo posible así el hundimiento de grandes gigantes del medio a partir de una simple sospecha. La ley subleva a todos por igual; las principales empresas del medio, Google, Facebook, Yahoo, eBay, Twitter, LinkedIn, Mozilla y Zynga entre otras muchas, que serían las primeras y principales en verse afectadas, no han tardado en publicar cartas abiertas denunciando que esta ley obligaría a una monitorización constante de la actividad de los clientes que supone una grave invasión de la privacidad.

Es más, dicha monitorización constante, aparte de convertir el lugar de libertad e igualdad que es Internet en un Gran Hermano 24 horas, requeriría una más que considerable inversión de recursos, un claro lastre para las grandes empresas, pero a la vez unos costes del todo inasumibles para cualquier pequeña y mediana empresa. Es por eso que con la aprobación o rechazo a esta ley se decide mañana el futuro de Internet, pero al mismo tiempo se decide el futuro de la sociedad a nivel mundial. Una aprobación de este tipo de métodos de censura sistemática mediante mecanismos tan primarios, no sólo nos devolvería a la época de la Inquisición, sino que también lastraría el que hoy en día es uno de los sectores más florecientes de nuestra economía: el del negocio en Internet.

Más información| Electronic Frontier FoundationNación RedAmerican Censorship | Aavaz.org

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