Por qué el FMI se equivoca con Christine Lagarde

La exministra del Gobierno de Sarkozy ha sido finalmente condenada por negligencia en el ‘Caso Tapie’ pero la institución que ahora dirige la respalda sin fisuras.

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La ejemplaridad es mucho más que una cualidad deseable entre los altos dirigentes públicos y, por extensión, entre las organizaciones a las que representan. Evitar los escándalos es prácticamente una obligación que, objetivamente, parece relativamente sencilla de cumplir siempre y cuando se respeten ciertas reglas básicas de conducta. Con todo, la sucesión de casos judiciales con políticos implicados nos recuerda cuán lejos estamos todavía de alcanzar esa deseable realidad. La postura adoptada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) tras la condena de su directora es una muestra de ello.

Christine Lagarde ha sido finalmente declarada culpable en el marco del ‘Caso Tapie’, una trama delictiva que desvío fondos públicos en Francia a comienzos de la década de 1990. La hoy directora del FMI ha sido condenada por su ‘negligencia’ en dicho episodio, es decir, no se aprecia que se haya beneficiado directamente del escándalo pero sí que, como se dice popularmente, miró hacia otro lado. Nada más conocer la sentencia de la Justicia gala, el FMI ha respaldado a su máxima dirigente y ha descartado una dimisión.

Esta posición es a todo punto injustificable. El FMI es una organización supranacional con una influencia extraordinaria en el funcionamiento de la economía global. Sus decisiones pueden hundir o encumbrar a un país y no pocas de las medidas que adopta o aconseja a los gobiernos son profundamente impopulares. Consecuentemente, resulta difícil de entender que alguien que ha sido condenada en firme mantenga su puesto y siga exigiendo a ciudadanos, empresas y gobiernos que actúen correctamente. La contradicción es notable y el FMI no está sabiendo resolverla.

Las reacciones políticas que han seguido a la decisión judicial tampoco han sido precisamente edificantes y todo se debe a un juego de intereses en las más altas esferas. La presidencia del FMI es el más alto cargo internacional en manos de Francia y ni siquiera el hecho de que Lagarde pertenezca al principal partido de la oposición empuja al Gobierno francés a pedir su marcha. Entretanto, las fuerzas antisistema (a derecha e izquierda) reciben más munición.

Vía: El Mundo.

Foto: © palinchak

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