Polémica por la capilla universitaria de Somosaguas

Sucedió hace menos de una semana, el pasado jueves, y desde entonces no ha dejado de despertar atención mediática y polémica. Un grupo de unos 50 jóvenes, en su mayoría mujeres, se acercaron en procesión hasta la capilla de Somosaguas, considerada ‘universitaria’ (así lo reza el cartel) e integrada en el campus de la Complutense en Pozuelo de Alarcón. Llevaban velos morados en la cabeza y una foto del Papa Benedicto XVI con una cruz gamada en el cuello, en referencia a la vinculación del pontífice con las juventudes hitlerianas. Una vez en la capilla, leyeron un comunicado en el que, según declaraciones de los participantes, se enumeraron «las últimas declaraciones homófobas y machistas de los obispos y el Papa». También gritaron consignas tipo «contra el Vaticano, poder clitoriano» o «menos rosarios y más bolas chinas». Parte de los participantes, en su mayoría chicas, se quitaron sus camisetas y mostraron lemas pintados sobre sus torsos desnudos.

La combinación de capillas y crucifijos y educación pública es una polémica de actualidad

Como cabía esperar, ni a los sectores más conservadores ni a la propia institución católica les hizo ninguna gracia la performance. Según contaba la periodista Pilar Álvarez en El País, los actos fueron iniciativa de algunos participantes de unas jornadas feministas organizadas por dos colectivos de la Facultat de Ciencias Políticas, Contrapoder y RQTR (Asociación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de la Universidad Complutense de Madrid). Ambos colectivos, de hecho, se reivindicaron como autores de los hechos y se desmintieron como tales posteriormente.

El Arzobispado de Madrid presentó una queja formal al rectorado de la UCM en la que tachaban de «blasfemias» las consignas de los jóvenes. «El mal gusto y la depravación se han instalado en la Complutense», lamentaba el texto, y añadía que los hechos eran «un atentado a la libertad de culto y una profanación de un lugar sagrado». Aunque la institución no emitió ninguna denuncia, puesto que consideraban que no lo consideraban «el procedimiento adecuado», los hechos se saldaron con la detención de cuatro de los jóvenes participantes por un delito contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos. Fueron puestos en libertad tras tomarles declaración, y fuentes policiales han asegurado que el caso está cerrado salvo que el juez encargado de las diligencias dicte lo contrario. Al parecer fue otro colectivo social, Manos Limpias, quien presentó la denuncia.

Justo al día siguiente se llevó a cabo en la misma capilla de la Complutense una misa de desagravio por esa  ‘profanación’ a la que se refería la Iglesia. Centenares de personas llenaron el aforo del lugar, limitado a 60 personas, y se concentraron a sus puertas. Mientras ello sucedía, se organizaban también concentraciones y protestas en la Facultad de Ciencias Políticas. Acciones que se han venido repitiendo hasta ayer, cuando varios centenares de estudiantes se concentraron en la Facultat de Geografía e Historia y llevaron a cabo una cacerolada en apoyo a los detenidos y reivindicando el cierre de los templos de las universidades públicas.

Y es que al final todo se reduce a eso. Parte del colectivo universitario está en contra de que una institución pública albergue un templo dedicado a un culto concreto. Y un culto, además, que se declara contrario e incluso condena formas de vida escogidas por parte de quienes estudian en ese lugar. De este modo, el debate está servido. ¿Realmente es justo que hoy en día universidad pública y laica conserve una capilla, símbolo de la imposición de un determinada religión durante siglos? ¿Es o no ofensa suficiente lo que representa? ¿Qué opináis?

Foto: deivis en Flickr.com

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