Nuevos métodos de pago: `listos´ y seguros

A finales del año pasado, los españoles tenían 43 millones de tarjetas de crédito y 32 millones de tarjetas de débito, cifras que superan con mucho el número de ciudadanos en edad de usar el llamado `dinero de plástico´.

A finales del año pasado, los españoles tenían 43 millones de tarjetas de crédito y 32 millones de tarjetas de débito, cifras que superan con mucho el número de ciudadanos en edad de usar el llamado `dinero de plástico´.

Son muchas tarjetas, pero se usan: entre 2002 y 2006, las transacciones realizadas con tarjetas en los puntos de venta crecieron un 60%, mientras que la retirada de efectivo en los cajeros automáticos aumentó en un 15%. Tras las domiciliaciones, los pagos con tarjeta son los más utilizados para hacer frente a los compromisos financieros.

Son los datos de un negocio que ya mueve en España más de 200.000 millones de euros al año, entre operaciones en comercios y retirada de efectivo en los cajeros, según datos del Banco de España.

Comparado con su entorno, España es uno de los países en los que más ha crecido el mercado, con aumentos anuales del 20%. Según los expertos, el crecimiento del mercado de tarjetas es lógico teniendo en cuenta el crecimiento de los créditos al consumo, el auge del comercio electrónico, el aumento de los viajes internacionales y la incorporación de los jóvenes al consumo masivo.

Pero además de crecer cuantitativamente, el sector de los medios de pago ha cambiado mucho en los últimos años, especialmente a raíz de la incorporación de las entidades bancarias a la vanguardia de la tecnología para ofrecer a sus clientes productos nuevos y más seguros.

En torno a estas nuevas herramientas se abre un enorme mercado potencial para empresas que desarrollen servicios y productos informáticos adaptados a las últimas versiones de este dinero moderno.

Tarjetas inteligentes

De la banda magnética al chip, las ya imprescindibles tarjetas a las que estamos tan acostumbrados han evolucionado, ganando en autonomía y funcionalidad. Las llamadas `smart cards´ aparecieron en los años 80 y su diferencia fundamental con las tradicionales tarjetas de banda magnética radica en la incorporación de un chip bañado en oro que almacena la información y permite acceder a ella para su tratamiento.

Estas tarjetas, similares a las de crédito, son capaces de almacenar, procesar e intercambiar determinados datos de forma rápida y segura, tienen múltiples utilidades y permiten la reiterada modificación de los datos sin riesgo alguno de pérdida de información.

Aunque el uso masivo de este tipo de tarjetas aún está por llegar, ya usamos algunas diariamente. Las tarjetas SIM de los teléfonos móviles, por ejemplo, son tarjetas inteligentes. También existen ya las tarjetas monedero, las tarjetas telefónicas y las de información sanitaria.

Las aplicaciones de las `smart cards´son muy variadas: se pueden utilizar como método de control de acceso y presencia para áreas restringidas en oficinas, clubes, administraciones, equipos informáticos, etc.
También sirven para realizar todo tipo de transacciones electrónicas, como con las tarjetas monedero, que sirven para realizar pequeños pagos en establecimientos, máquinas expendedoras o para comprar por internet.

En el transporte, las tarjetas electrónicas resultan un medio de pago rápido y cómodo en el metro, autobús, para comprar billetes de avión o pagar de antemano peajes y parquímetros, lo que se denomina `smart ticketing´.

También se utilizan ya estas tarjetas en sanidad, para incluir los datos del paciente y todo el historial clínico en un chip al que sólo la compañía sanitaria o un hospital podrá tener acceso mediante un código personal.

Otras aplicaciones son las tarjetas de fidelidad, como las que emiten muchos comercios, líneas aéreas, gasolineras, etc. En estas tarjetas se almacenan, además de los datos del cliente, otras informaciones relativas a sus compras o consumo, y los puntos o ventajas que acumula con ellos.

Las tarjetas inteligentes pueden ser también `contactless´(sin contacto): mediante la tecnología NFC (Near field comunication), permiten su lectura a una distancia máxima de 10 centímetros de un lector, con el que se comunican a través de radiofrecuencia.

Son especialmente útiles para el control de acceso masivo que requiere gran rapidez en el tratamiento de los datos, como en el caso del uso de transportes o el control de entrada a determinados recientos.

Estas tarjetas ofrecen mayor seguridad porque tanto tarjeta como terminal lector se aseguran de la identidad del otro, mediante sistemas de cifrado criptográfico. Este nivel de seguridad en el tratamiento y conservación de los datos hace de las tarjetas inteligentes una herramienta perfecta para los sistemas bancarios, que ya se están adaptando al estándar EMV (Europay Mastercard Visa) para lanzar nuevas tarjetas con chip que sirvan para realizar todo tipo de operaciones bancarias evitando el fraude.

Desde el 20 de enero de 2008, todas las entidades están obligadas a que las tarjetas que emitan incluyan esta tecnología, y a finales de 2010 no podrán quedar en uso tarjetas que no incorporen EMV.

Generalmente las tarjetas con esta tecnología requieren el PIN o número secreto del titular para verificar la identidad, en lugar de pedir la tradicional firma de un recibo.

En el futuro, también será posible el uso de otros sistemas de autentificación como los llamados biométricos, que identifican determinados rasgos físicos únicos del titular: las huellas dactilares, el iris, la retina o la palma de la mano pueden servir para identificarnos sin lugar a dudas.

No es ciencia ficción: la empresa NCR, líder mundial en la fabricación de cajeros automáticos, ya tiene en el mercado en la actualidad máquinas que soportan las técnicas biométricas.

Enorme potencial de negocio

La sociedad de la información, de la que forman parte estos nuevos sistemas de identificación y de pago, abre un ingente mercado para la creación de servicios en torno a estas innovaciones. En primer lugar, todas las ventajas de este tipo de nuevos medios de pago requieren de diseño, producción e implantación de lectores preparados para recibir, verificar y tramitar la información que almacenan estos plásticos.

Para la implantación de estos sistemas de identificación y pago también es necesario el consejo y la formación de las personas que vayan a trabajar con estos documentos. En España existen ya desde hace tiempo empresas cuya actividad se centra en estos innovadores sistemas, aunque aún es preciso eliminar el escepticismo generalizado en las empresas privadas, entidades financieras y compañías tecnolóficas.

El cumplimiento de las normas de seguridad en el uso de tarjetas inteligentes también demanda el asesoramiento de empresas especializadas para cumplir todos los requisitos que establecen los organismos de medios de pago.

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