La supervivencia de las hormigas en un búnker nuclear

Unas hormigas aisladas en un búnker nuclear son capaces de inspirar incluso a los emprendedores en su afán de superación.

La supervivencia de las hormigas en un búnker nuclear

Antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, vamos a dejar claro que no estamos haciendo apología del canibalismo o algo parecido. No pensemos cosas raras. Pero sí que hemos querido contar esta historia de superación y supervivencia procedente del mundo animal porque es realmente inspiradora.

Nos situamos en un extraño emplazamiento: un búnker nuclear abandonado en Polonia. Aparentemente se encontraba cerrado a cal y canto sin que hubiera ninguna vía de acceso. Para lo único que servían ciertas partes del búnker era como residencia en invierno de murciélagos que lo utilizaban para tener un lugar más calentito de lo habitual. El búnker quedó abandonado y en el año 2013, cuando unos científicos se desplazaron a él con la intención de estudiar a los murciélagos, se encontraron con algo que les sorprendió.

En la parte superior del búnker había ya un gran hormiguero con anterioridad, pero en principio no había una vía de comunicación con el interior del búnker. La sorpresa fue que en el interior se encontró otra colonia de hormigas que trabajaba y hacía sus tareas, pero que no tenía acceso a ningún tipo de alimento. Tampoco había larvas que indicaran que las hormigas estaban en reproducción, ni había machos, por lo que resultó chocante que los científicos comprobaran que la cantidad de hormigas en el búnker no se reducía, sino que se mantenía. Pero no es que fueran hormigas inmortales, porque alrededor de las hormigas vivas había muchas más muertas.

Por las condiciones del clima y la falta de acceso a alimentos, se podría haber pensado que los cadáveres correspondían a hormigas que habían fallecido, sin más. ¿Pero cómo se mantenía la población de ese hormiguero bajo tierra si no había nuevos nacimientos?

Hormigas en bunker

Tres años después de quedarse con esas dudas los científicos encontraron la solución. Una de las claves fue encontrar un tubo oxidado en el exterior que se había ido deteriorando y cuyo agujero daba al interior del búnker. Estaba en una de las rutas de las hormigas, por lo que la misma presión del terreno o cualquier otro inconveniente, hacía que de vez en cuando muchas hormigas del exterior cayeran al interior del búnker. Al caer no morían, sino que seguían con su trabajo adaptándose a ese nuevo entorno del que no podían salir. De esa forma siempre había “nuevos reclutas” que trabajaran en la vida dentro del búnker.

Dicho eso, ¿cómo podía ser que las hormigas no se murieran de hambre? Como especie, al borde de la muerte debido a la falta de alimento, lo que decidieron estos insectos fue optar por el canibalismo. Los cadáveres de las hormigas servían como alimento para las que todavía estaban vivas. Eso es lo que descubrieron los científicos, que analizando los cadáveres comprobaron que un gran porcentaje de ellos, una cifra superior al 90%, se encontraba con marcas de mordiscos en su cuerpo. Al adoptar esa filosofía de muerde a los muertos para poder sobrevivir, las hormigas se mantuvieron activas en el búnker todo el tiempo que pudieron esperando quizá a que en algún momento cambiara su suerte. Pero nunca dejaron de trabajar duro.

Los expertos dicen que sin tener descendencia es difícil que una colonia de hormigas como esta se mantenga activa y sobreviva durante tanto tiempo. Por eso los científicos quisieron actuar en consonancia con la gran demostración de afán de supervivencia de la que habían sido testigos. Por ese motivo lo que hicieron fue instalar un puente de madera que sirve de punto de comunicación entre el interior y el exterior del búnker, lo que significa que las hormigas ya no tienen que mantener ese estilo de vida que habían adoptado.

Todavía más sorprendente es ver cómo en un periodo de cuatro meses no quedaba ninguna hormiga en el interior del búnker, sino que todas se habían marchado al exterior, a su hogar, mediante el puente de madera que se había instalado para ellas. Antes de irse habían construido un «cementerio de hormigas», para que los cadáveres quedaran ordenados cerca de las paredes. No es el tipo de historia que escuchemos todos los días y en cierta manera, si conseguimos ver el paralelismo con ciertos aspectos del mundo de los negocios y de los emprendedores, vamos a sentir una afinidad especial por esas hormigas caníbales que dijeron sí a sobrevivir por mucho que para conseguirlo tuvieran que tomar una serie de decisiones un poco drásticas. Como decíamos, no se trata de que nosotros queramos inspirar la idea del canibalismo, porque lógicamente no es algo humano, pero lo ocurrido sí que nos inspira.

Si hasta unas pequeñas hormigas encontraron la forma de enfrentarse a la adversidad en una situación de vida y muerte, seguramente nosotros también podamos salir adelante hasta en los momentos más difíciles que lleguemos a vivir como emprendedores o empresarios. Como nos gusta decir: siempre hay luz al final del túnel, solo hay que buscarla.

Vía: Journal of Hymenoptera Research

Foto: Peggychoucair

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